Remolcando a Jehová, de James Morrow
Posted by Avalón on 09 Abr 2005 at 04:24 am | Tagged as: Reseñas
por Rodolfo Martínez James Morrow Norma editorial, ISBN: 84-8431-322-0 Lo primero que uno piensa al leer el texto de contraportada de esta novela es que estamos ante una parodia. Véanse si no las premisas: Dios ha muerto, y su cuerpo (de tres kilómetros de largo) flota en el Atlántico. Los ángeles se están muriendo por empatía hacia su creador, pero antes de fallecer vacían un iceberg para conservar el cuerpo de Dios dentro de él y hablan con el Papa para que el Vaticano contrate un barco que remolque el cadáver hasta el Polo Norte. Absurdo, ¿verdad? Y pese a todo, Morrow decide tomarse su descabellada premisa totalmente en serio y construir una novela que, tan pronto se decanta por el thriller más clásico (¿lograrán remolcar el cadáver de Dios antes de que todos aquellos que desean destruirlo lo encuentren? ¿por qué Dios se ha suicidado?) como navega por las peligrosas aguas de la narrativa metafísica. El autor tiene éxito en el primero de sus propósitos: la trama está bien construida, es narrada de forma ágil y en ella se encuadran una serie de personajes lo suficientemente bien construidos como para que sus enfrentamientos dialécticos y sus dudas morales nos resulten interesantes y nos hagan continuar la lectura. En cuanto al segundo es difícil de decir: esboza los suficientes temas para invitar a la reflexión, pero no ahonda demasiado en ellos. Esto no tiene por qué ser malo, siempre que acabada la lectura el autor haya sabido plantear las cosas de modo que uno no pueda evitar la reflexión sobre ellas. Desgraciadamente no es el caso y, una vez cerrado el libro, uno se queda con la impresión de que ha leído una de las cosas más descabelladas de los últimos años (y la sombra de Philip K. Dick planea varias veces por el texto) pero más allá de una extraña sensación de perplejidad no siente el menor deseo de explorar mentalmente lo que ha leído. Pese a todo no estamos ante una mala novela y Morrow nunca ahoga la narración con las reflexiones de sus personajes, sino que permiten que estas estén al servicio de lo que nos cuenta. La trama se va deslizando de un modo fluido y sin grandes alardes y uno va pasando páginas casi sin darse cuenta de que lo hace. Por si fuera poco, es capaz de conjurar imágenes verdaderamente absurdas y hasta cercanas al ridículo (esa extraña comunión que la tripulación del barco hace para no morirse de hambre, comiendo partes del cuerpo muerto de Dios y transformándolas, por obra y gracia de la habilidad del cocinero, en facsímiles indistinguibles de la más selecta “comida basura”; ese grupo de chalados que se dedican a recrear -casi en escala 1:1- las más importantes batallas de la Segunda Guerra Mundial; las feministas enfurecidas al descubrir que Dios es macho y dispuestas a destruir el cuerpo para que eso jamás se sepa; los ángeles perdiendo las plumas y volviéndose insustanciales ante los ojos atónitos del médico del Vaticano…) y hacer que resulten creíbles en el contexto de la novela, lo que no es poco. Estamos, pues, ante una novela entretenida y bien construida, que juega con algunos conceptos realmente inquietantes (y poco importa que uno sea creyente o ateo para el caso) y sabe salir con habilidad y sin grandes estridencias de un atolladero narrativo realmente curioso. Antes de acabar, un pequeño comentario sobre la traducción. Como no podía ser menos en una novela así, uno de los personajes es un sacerdote jesuita (y habría que preguntarse por la manía de los anglosajones de usar jesuitas cada vez que quieren hacer aparecer a un “cura progre” en sus novelas) y perteneciente, por tanto, a la Compañía de Jesús, que no “Sociedad de Jesús” como se empeña en decirnos una y otra vez la traductora. |