por Belinda González

Mujeres Condenadas

¡Abrázame, hermana, abrázame hasta la muerte!
El púrpura de la hora ardiente está plagada de pinceladas de oro:
allí nadan los deseos inapagados,
éxtasis imposibles con suspiros con reproche.
El mármol late de deseo; la boca medio abierta,
hambrienta de la boca aún dormida, de la flor naciente:
allí donde nunca como hoy había engendrado sufrimientos
la tierna y ardiente canción que dice:
“Ah, por la gracia de la languidez y el incendio que devora el cuerpo,
sabed convertir crepúsculo que resplandece sobre la nieve.
Las tinieblas seguirán
al igual que el amor se despierta bajo la luz de la luna;
y que la flor, casta pasión, de pronto se abre y crece:
primero en el seno, después en la tumba.
¡Abrázame, hermana, abrázame hasta la muerte!

Tras estos versos, tras los de Balzac , Eva , Sócrates o El Pensador, se halló la pluma del que, para la historia es “La Bestia”, “El Ser Más Perverso Del Mundo”. ¿Qué hay pues de verdad tras la propaganda, el escándalo y el delito? ¿Realmente “La Bestia” que se nos ha pintado era tan feroz?

El tiempo nos trae la imagen de un ser oscuro y diabólico, cuya tenebrosa estela se remonta a las postrimerías del XIX, con la lectura del tratado de Karl von Eckartshausen The Cloud upon the Sanctuary , en el momento en que inicia su senda en el ocultismo. Nacido y educado en el seno de una estricta familia puritana, se fue forjando en él la personalidad transgresora que criticó la iglesia cristiana y la moral victoriana. El propio Crowley habla de su infancia en el prefacio de su libro The World’s Tragedy y en su autobiografía y lo hace, a menudo, describiéndose así mismo de una manera poco favorecedora, no solamente por su autocomplacencia, su victimismo o su creída superioridad sino en el modo en que rememora sus relaciones con los demás: compañeros y tutores que marcaron para bien o para mal aquella etapa de su vida. Según sus propias palabras, Edward Alexander Crowley había sido un niño malcriado y consentido que, a la edad de veintiún años, no estaba preparado para emplear la herencia paterna con prudencia. A la muerte de su padre, a los once años, su educación se repartió entre un largo peregrinaje de colegio en colegio y diversos tutores elegidos por su inflexible tío Tom, uno de los cuales, Archibald Douglas, sin embargo no resultó como esperaba e inició al joven Crowley en el juego, el alcohol, el tabaco y las mujeres. A los veinte años, entraba en Cambridge con la intención de estudiar la carrera diplomática.

Quiso escandalizar la autoridad establecida y llamar la atención publicando, en 1898, los sangrientos versos que se incluyen en Aceldama, A Place to Bury Strangers In. Quería causar la misma alarma en Cambridge que la que había conseguido Shelley con su The Necessity of Atheism. Luego, vendrían unos poemas pornográficos White Stains , pero tampoco surtieron el efecto deseado.

La magia empezó a cobrar importancia a partir de una extraña experiencia mística, ocurrida la noche del 31 de diciembre de 1896 y que le habría impulsado a emprender su particular búsqueda personal. Si bien Colin Wilson ha creído entender en la descripción de Crowley que en realidad esa noche habría tenido su primer encuentro homosexual; John Symonds, en cambio, en La gran Bestia —una biografía de Crowley escrita con cierto escepticismo en cuanto a los poderes mágicos del mismo— da crédito al hecho de que hubiera tenido la revelación de que podía controlar la realidad mediante el pensamiento mágico. En todo caso, al año siguiente, Crowley dice haber experimentado una “noche oscura del alma” que le hizo replantearse su actitud ante la vida. Crowley habría contemplado una de las cuatro verdades de Buda, la del reconocimiento del sufrimiento. El terreno estaba abonado para que determinadas lecturas dejaran una importante impronta en su persona y buscara su autoafirmación por senderos más espirituales. La recopilación de A. E. Waite, The Book of Black Magic and Pacts ; Kabbalah Unveiled de Knorr von Rosenroth, traducida por S. L. Mathers pero sobre todo The Cloud upon the Sanctuary de Karl von Eckartshausen suscitaron, además de obras sobre alquimia, su interés por entrar en una orden secreta y le llevaron a ingresar en organizaciones de diversa índole (la Iglesia Celta, los Legitimistas Españoles, etc) hasta que conoció al químico Julián Baker, que le presentó al hombre que le introduciría a la orden secreta de la “Golden Dawn”: George Cecil Jones.

Bajo el nombre de Frater Perdurabo ascendió rápidamente, pero la oposición de buena parte de la orden le hubiera impedido alcanzar el grado supremo de no ser por la ayuda de S. L. Mathers, uno de sus fundadores, que desde la logia de París lo había estado iniciando sin el acuerdo de todos los miembros. Para encrespar aún más los ánimos, Mathers trató de deslegitimar la logia de Londres para luego autorizar a Crowley a hacerse cargo de la casa principal de la orden, pero los miembros de ésta no lo permitieron. Durante esta época conoce a Yeats, al que le enseña su obra teatral Jepthah y en su templo de Chancery Lany y en Boleskine House Crowley solía practicar la magia de Abra-Melin el Mago, cuyos rituales habían sido traducidos por Mathers.

Se autoproclama “La Gran Bestia 666″, la personificación del Anticristo del Apocalipsis, pero no bastaba un nombre para sacudir la opinión pública y atraer hacia su persona las miradas: todos debían creérselo y se puso manos a la obra. Abrió su propia revista The Equinox , en la cual describía sus experiencias paranormales, se promocionaba y anunciaba el advenimiento del “Croweleyan Age”, era que se impondría tras la caída del cristianismo. En realidad era una publicación presentada en volúmenes de casi cuatrocientas páginas que se editaban, consecuentemente con el nombre, dos veces al año, en los equinoccios, y en los cuales se incluían poemas, obras teatrales y escritos mágicos. En el tercer volumen, Crowley publicó parte de los rituales de la orden de la Golden Dawn, provocando así la furia de Mathers que había tratado, infructuosamente, ante los tribunales de impedir dicha edición. En 1907, Crowley crea su propia orden secreta, la Astrum Argentinum cuya doctrina se fundamentada, por una parte, en la magia sexual, a través de la purificación orgiástica, posturas tántricas y de yoga y, por otra, en el uso de drogas como llave para cruzar las puertas que llevan a otros mundos, someter la conciencia moral y facilitar la posesión por parte de entidades sobrenaturales. El tratado que guiaba la senda de los adeptos era el Liber Legis , libro que, según Crowley, le fue dictado por su ángel guardián. Este texto se resumía en la frase “Haz lo que quieras”, lema inspirado en la novela Gargantúa de Rabelais, y la vía para acceder a la sabiduría era el abandono de sus miembros durante las orgías, miembros que habían jurado realizar la Gran Obra, la cual consistía en obtener el conocimiento y poderes del propio ser y descubrir la verdadera voluntad de cada uno.

En 1911, Crowley entraba en otra sociedad que, al igual que la suya, prometía conocer los secretos de la Naturaleza y el poder mediante la magia sexual: la Orden de los Templarios del Oriente (O.T.O.). Al año siguiente conocía a su máximo representante Theodore Reuss, que le autorizó a formar una rama inglesa de la organización. La magia sexual iba adquiriendo una importancia clave en la vida de Crowley que no se limitaba a los rituales sino que sintió la necesidad de llevar un diario de sus experiencias.

Tras pasar una larga estancia en Estados Unidos donde empezó a pintar y de donde volvió adicto a la cocaína y a la heroína, Crowley se instalaba en Sicilia, en la pequeña localidad portuaria de Cefalú para fundar su “Abadía de Thelema”, en un intento de emular la de Rabelais; sin embargo, la de Cefalú no era más que una villa decadente, que fue foco asimismo del comienzo de su caída. “La abadía” recibía constantemente visitantes que querían iniciarse a sus enseñanzas y constantes quejas también.

La necesidad de dinero le hizo regresar a Londres donde consiguió que su novela Diario de un drogadicto fuera editada, por primera vez, sin tener que desembolsar el mismo los costes de la publicación. Se trata de una historia, escrita en clave, protagonizada por un aviador retirado que consigue curarse de su adicción en la abadía de Thelema, que dirige un tal “King Lamus”. En ella aprovechaba para atacar viejos conocidos, magnificarse y autoalabarse. La crítica acogió favorablemente este trabajo y, al fin, Crowley conseguía cierto reconocimiento. Su editor, William Collins, no tardó en encargarle su autobiografía y una serie de cuentos policíacos protagonizados por un detective llamado Simon Iff. Asimismo, otro editor se puso en contacto con él para que realizara una traducción de La clave de los misterios de Eliphas Lévi. Sin embargo, la ola de buena suerte no podía durar y, de hecho, tocó a su fin a raíz de los continuos ataques del Sunday Express al propio Crowley y a su novela, recreándose en truculentas historias de orgías y depravaciones, todas ellas relatadas por algunos visitantes de la abadía de Thelema. Como consecuencia de esta mala prensa, Collins descatalogó el libro. La policía y la prensa tenían los ojos clavados en Cefalú y la política tomó cartas en el asunto. A finales de 1923, Crowley fue expulsado de Italia, y de sus tierras mediterráneas salía muy desmejorado.

Su salud iba empeorando cada vez más pero no dejó por ello de viajar. Mientras Crowley se retiraba a Túnez, otra publicación, la revista John Bull , se sumaba al Sunday Express afirmando incluso que había practicado el canibalismo en Cachemira y dándole los apodos que acompañarían desde entonces al personaje como una segunda piel; el más famoso de ellos es sin duda el de “el hombre más depravado del mundo”. Titulares sensacionalistas como “El rey de la depravación” y “Un hombre al que nos gustaría colgar” enterraron todas las pretensiones que él tuviera de que se le tomara en serio como pensador o poeta. Al fin había conseguido llamar la atención.

Mientras en Túnez, alejado de la quema pública, Crowley sufría las consecuencias de sus excesos con las drogas. Cuando se sintió con fuerzas suficientes, regresó a Paris. Subsistía con dinero prestado hasta que pudo contar con nuevos ingresos económicos al convertirse en el nuevo jefe de la OTO. Theodore Reuss había sufrido un ataque de apoplejía. En 1928, Israel Regardie entraba a trabajar para Crowley como secretario y dejaba tras él a una hermana preocupada que, a través del consulado, alarmó a la policía francesa sobre perniciosa influencia de Crowley. Tras investigar los incidentes en Cefalú, recibieron la orden de abandonar el país.

Por donde fuera le precedía la mala fama. En 1929, una pequeña imprenta, Mandrake Press, decide publicar sus Confesiones , su novela de brujería Moonchild , que escribiera en 1917, y La estratagema y otros cuentos. Pero no llegaron a venderse. Al año siguiente le prohibieron dar una charla en la Sociedad Poética de Oxford. En Berlín consiguió realizar alguna exposición de sus cuadros cuando en Inglaterra le fuera imposible. El viento en contra, decidió pleitear en los tribunales algunas calumnias y, como consecuencia de ello perdía, en 1934, cuanto tenía. Solamente la ayuda de algunos de amigos hizo posible que su precaria situación no fuera peor. Las drogas y la bronquitis crónica fueron tomando mayor protagonismo a medida que su brillante y glorioso aura perdía fuerza. A pesar de los achaques consiguió escribir el que sería su último volumen de poesía Olla y mantener una intensa correspondencia con discípulos suyos, correspondencia que sería publicada póstumamente por Kart Germen bajo el título Magick Without Tears . Crowley deambuló aún por diversos países hasta afincarse en Hastings, donde murió de insuficiencia cardiaca.

Tras la muerte de “La Bestia”, un rastro de rumores, denuncias y escándalos matrimoniales enturbia la biografía pero no la leyenda —puesto que esta se nutre de esta confusión—, del hombre que Colin Wilson calificara de “demonista con un paradójico deseo de ser santo”. Su forma de ser y de relacionarse con los demás le valió crearse a lo largo de toda su vida enemistades y rencores, lastrando los defectos, que manifestara ya de joven, hasta la madurez. Adoptó concientemente un modo de vida contraria a la comprensión de la sociedad de su época, nadando a contracorriente, provocando y mintiendo, adornando y creando un personaje que acabó por confundirse con la persona, haciendo difícil, por no decir imposible, discernir cuando hablaba en serio y cuando se divertía fantaseando, cuando era él mismo y cuando era quien pretendía ser.

Según el artículo de George Knowles, Aleister se emocionaba con las descripciones de sangre y tortura y fantaseaba con una “mujer escarlata” que lo abusaba, lo degradaba y lo sometía: malvada e independiente, era su dueña. Muchas fueron su “mujer escarlata” y acabaron todas sufriendo los mismos trastornos: el alcoholismo y la neurosis. Él mismo afirmó que las mujeres eran moral e intelectualmente seres inferiores, un animal más que sólo se comportaba bien si se le trataba con firmeza; sin embargo, constantemente, buscaba a una mujer escarlata, que fuera capaz de someterlo y humillarlo. El hombre se plegaba mientras la leyenda crecía.

La sangre, la tortura, la bestialidad, la necrofilia son temas recurrentes que, junto con el sexo, dominan su obra literaria. Crowley trató de escandalizar con su novela Copos de nieve del jardín del cura , escrita a modo del marqués de Sade, pero muchos otros de sus poemas fueron inspirados por mujeres que dijo amar, por la magia y por su deseo de viajar y ver mundo como en Los Argonautas o Jezebel . También le inspiró su pasión por el montañismo, cuando escalaba los Alpes o trataba de encumbrar varias cimas del Himalaya y la escultura cuando interpretó en versos las obras de Rodin. No todo eran sombras.

Tras la muerte de Aleister Crowley, solamente queda la impenetrable oscuridad de su leyenda. Muerto el poeta, grupos como The Beatles, Led Zeppelin, el cantante Ozzy Osbourne o incluso Mägo de Oz, con su canción Astaroth, han reflejado la fascinación que ese hombre o bestia ha improntado en la conciencia colectiva. Muchos conocen su leyenda, pocos recuerdan su Balzac :

Gigantesco,
oscurecido por los misterios del hierro,
embozado,
Balzac álzase y mira.

El desdén inmenso, el silencio egipcio, el poder del dolor,
la carcajada de Gargantúa, agitan o acallan la ígnea estatura del Maestro, vívida.
A lo lejos, aterrado, el aire ensordecedor estremece la piel.
En vano el Maestro de “La Comedia Humana” oscurece sus profundos ojos,
genio iluminado.


Epitalamios, canciones de cuna y epitafios
están escritos en el misterio de sus labios.
La triste sabiduría, la insolente ignominia y la agonía sublime
yacen en los pliegues mortuorios de la capa, escarpadas montañas:
y la piedad se oculta en el corazón.
El torvo saber estrecha a la humanidad esencial.
Balzac álzase, y ríe.

De “Rodin en verso”, Aleister Crowley
Traducido por Casanova, 1999.

Bibliografía :

  • Aleister Crowley, ” Rodin en verso “, Igitur, Barcelona, 1999.
  • Colin Wilson , “ Aleister Crowley, la naturaleza de la bestia ”, Urano, Barcelona, 1989.
  • John Symonds, “ La gran bestia.Vida de Aleister Crowley ”, Siruela
  • La perversité de la ‘Bête immonde “, en ” Les phénomènes inexpliqués “, Sélection du Reader’s Digest, Bruxelles, 1983.
  • Aleister Crowley ‘La Bestia’ “, en ” Enciclopedia de parapsicología y ciencias ocultas “, Salvat editores, Barcelona, 1994.
  • George Knowles, “ Aleister Crowley (1875-1974) ”, traducido por Luis M. Morelos A., en http://www.biblos.4t.com/ewtp/bio/aleister-bio.htm