Mayo 2005

Monthly Archive

Marcianos, bibliotecarios, asturcones (1)

Posted by Avalón on 25 May 2005 | Tagged as: Temporada 1, Buendía, el friki feliz

El espíritu del mago, de Javier Negrete

Posted by Avalón on 16 May 2005 | Tagged as: Reseñas

por Rodolfo Martínez
Javier Negrete
El Espíritu del mago
Minotauro, Barcelona, abril 2005
ISBN: 84-450-7539-X

He seguido con atención la carrera de Javier Negrete desde que, en 1992, obtuviera la mención del jurado del Premio UPC por «La luna quieta», una inquietante novela corta fantástica cuya factura casi perfecta hizo que todos nos preguntásemos de dónde había salido aquel recién llegado al género. Para mí (y creo que para muchos otros) Negrete fue el ganador moral de aquella primera edición del UPC, sin por ello pretender desmerecer las dos obras que aquel año se alzaron con el premio: «Mundo de dioses» de Rafael Marín y «El círculo de piedra» de Ángel Torres Quesada.

Desde entonces Negrete se ha convertido en un habitual de los premios UPC. Las veces que ha quedado finalista han sido incontables (y lo ha llegado a ganar en alguna ocasión) y, para deleite de todos, esas novelas cortas han ido apareciendo en distintos medios. De ellas yo destacaría, sobre todo, dos: «Estado crepuscular», una revisitación en un tono paródico e hilarante de algunos de los más sobados clichés de la ciencia ficción; y «Nox perpetua», una historia de exploración y viajes (inspirada en cierta medida en la expedición de Scott al Polo) tramada con inteligencia y coraje y cuyo giro de tuerca final cierra la narración de un modo prácticamente perfecto.

Su primera novela publicada, La mirada de las furias, no llegó a convencerme del todo, sin embargo. Siempre tuve la sensación de que le sobraban páginas, de que estaba frente a una novela corta en origen a la que se le había añadido demasiada «agua» para convertirla en novela. Pese a eso, la habilidad narrativa de Negrete hacía que casi todas las páginas fueran interesantes y que la historia se leyera con agrado.

Y el año pasado descubrimos (algunos redescubrimos) un nuevo Negrete. Un Negrete amante de la fantasía heroica y la aventura sin complejos. En La espada de fuego (sin duda la sorpresa editorial de 2004, pues la novela tuvo unas excelentes ventas sin que apenas fuera necesario trabajo promocional alguno, basadas exclusivamente en el boca a boca) Negrete nos construye una historia de espadas y brujería que puede ser calificada (sin que el término conlleve nada peyorativo) de convencional, en el sentido de que el autor no pretende renovar el género ni darle un nuevo giro de tuerca a las situaciones de siempre, sino que asume las convenciones de la fantasía heroica y las utiliza de forma inteligente en una narración sólida, con buen ritmo y un ambiente y unos personajes que enseguida se le hacen atractivos al lector.

Ahora, tras leer El espíritu del mago, comprendo que La espada de fuego no fue más que un prólogo necesario: quizá una primera etapa de aprendizaje durante la cual Negrete le tomó el pulso al mundo y los personajes que estaba creando antes de meterse a fondo con ellos y empezar a hacer lo que realmente quería.

El espíritu del mago es una de las mejores novelas de aventuras (y de fantasía, y de capa y espada y de muchas otras cosas) que he leído en bastante tiempo. Sus setecientas páginas se hacen demasiado breves para el lector, absorto completamente en lo que está leyendo, y llevado de la mano de un lado a otro de la historia por una narración bien construida y narrada con un ritmo impecable. El autor echa mano de todos los recursos narrativos que el folletín (o puede que el culebrón, o quizá ambos) pone a su disposición: traiciones, secretos ocultos, identidades trastocadas, intrigas palaciegas, planes ocultos en otros planes ocultos en otros planes, viajes accidentados, amenazas sexuales, personajes que no son lo que parecen, parentescos inesperados, amistades puestas a prueba y, por supuesto, una amenaza terrible que se cierne sobre el mundo y que será resuelta en una batalla multitudinaria que Peter Jackon estaría encantado de filmar. Negrete usa todos esos recursos con sabiduría, con una habilidad narrativa ciertamente envidiable y compone con ellos una fantasía heroica que tiene poco, o nada, que envidiar a algunos de los éxitos más sonados en el género más allá de nuestras fronteras.

Y como guinda, como último guiño, el autor deja preparado hábilmente el terreno para una continuación. No quiero decir con ello que la novela no termine: al contrario, la historia se cierra sin fisuras y lo que se nos ha venido narrando durante setecientas páginas llega a su conclusión natural. Pero al mismo tiempo, se nos han ido dando las suficientes pistas, se han dejado los flecos sueltos necesarios para que una nueva novela ambientada en Tramorea sea, no ya necesaria, sino casi inevitable.

Sólo me queda desearle a Javier Negrete que obtenga con El espíritu del mago el mismo éxito, o más, que tuvo con La espada de fuego. Sin duda se lo merece.

Planeta salvaje

Posted by Avalón on 15 May 2005 | Tagged as: Temporada 1, Buendía, el friki feliz

Jara y sedal

Posted by Avalón on 05 May 2005 | Tagged as: Temporada 1, Buendía, el friki feliz

Schild’s Ladder, de Greg Egan

Posted by Avalón on 04 May 2005 | Tagged as: Versión original

por Elías F. Combarro
Greg Egan
Schild’s Ladder
Gollancz, Febrero 2003
ISBN: 0575073918

Tengo una especial debilidad por todo lo que escribe Greg Egan. Desde que cayó en mis manos Cuarentena, me apasiona esa forma que tiene de mezclar la más pura Ciencia Ficción hard con las especulaciones filosóficas de más alto nivel. Cuando leo a Egan no dejan de sorprenderme sus brillantes ideas y la profundidad con la que trata temas de la mayor trascendencia. Me parece que es uno de los mejores (por no decir simplemente el mejor) escritores que ha dado el género en las últimas décadas.

Sin embargo, comprendo que no sea del gusto de todos los paladares. Leer a Egan es una actividad exigente. Hasta el más pintado puede verse desilusionado al encontrarse, nada más comenzar a leer Schild’s Ladder, con el siguiente párrafo (traducción libre): “En el principio era el grafo, más parecido al diamante que al grafito. Cada nodo del grafo era tetravalente: estaba conectado por cuatro ejes a otros cuatro nodos. El ciclo más corto que partía de un nodo y volvía a sí mismo tenía seis ejes. (…) Los ejes carecían de forma o longitud, los nodos no tenían posición. El grafo consistía únicamente en el hecho de que algunos nodos estaban conectados a otros”. Son frases que, más que de una novela, parecen sacadas de mis clases de Matemáticas Discretas.

Esa es, sin duda, la marca personal del autor. Ciencia Ficción dura y sin concesiones que luego se transforma en brillante metafísica. Porque ese “grafo”, ese ente que consiste en un suerte de conexión abstracta es, ni más ni menos, el origen de nuestro universo, la semilla que ha dado origen a todo lo que vemos, a todo lo que percibimos, a todo lo que tocamos. En Schild’s Ladder nos encontramos veinte mil años en el futuro y desde mediados del siglo XXI la Teoría Cuántica de Grafos desarrollada por Sarumpaet ha sido capaz de explicar hasta el más mínimo detalle todas las observaciones físicas que se han realizado. La Relatividad y la Física Cuántica han sido unificadas y la humanidad tiene a su disposición una Teoría del Todo.

Pero al llevar a cabo un experimento que debería haber confirmado una vez más las leyes de Sarumpaet algo sale mal. Aparece un “nuevo-vacío” que se expande en el espacio a la mitad de la velocidad de la luz y comienza a aniquilar estrellas y planetas a su paso. Puede ser el fin de nuestro universo… o el comienzo de uno nuevo.

Tras este argumento de desastres estelares, quizá ya un tanto manido, el lector habitual de Greg Egan encontrará todas las obsesiones que caracterizan al escritor australiano. Desde las simulaciones de personas ejecutadas por ordenador (al estilo de Ciudad Permutación) a las virtudes y limitaciones de la Ciencia (El instante Aleph) pasando, cómo no, por las múltiples versiones de la realidad ofrecidas por la superposición de estados cuánticos (idea utilizada extensamente en Cuarentena). Sin embargo, en esta ocasión el autor no se centra tanto en disquisiciones filosóficas sobre cómo nuestra percepción del mundo altera la propia realidad. Es cierto que, de fondo, siguen presentes. Pero la principal reflexión que se plantea Egan en la novela es sobre el cambio. Cómo cambiamos como personas cuando vamos creciendo, madurando, experimentando nuevas circunstancias. El propio título de la novela es una metáfora (vía una preciosa construcción matemática) de cómo el seguir diferentes caminos nos hace convertirnos en diferentes personas.

Así, la aparición del “nuevo-vacío” hace plantearse a los personajes cuál es la actitud más adecuada: luchar a toda costa por mantener las cosas como están o adaptarse a las nuevas circunstancias e intentar aprovecharlas aunque el precio, en forma de renuncia, sea elevado. Como en todas las novelas de Egan, surgen distintas facciones que defenderán cada una de las posibles posiciones, aunque quizá en este caso el autor no explota este recurso en la forma en que nos tiene acostumbrados. Las discusiones entre los miembros de los distintos bandos son menos brillantes que en otras obras de Egan y algunas de las posturas son demasiado forzadas y resultan poco creíbles.

La novela también presenta algunos fallos menores, principalmente un final demasiado precipitado y una frescura menor que en otros libros del autor. Por otro lado, Schild’s ladder descubre una faceta de Egan que para mí resulta novedosa y ciertamente sorprendente. En algunos capítulos, especialmente los que narran la infancia de Tchicaya y Mariama, el autor hace gala de una gran sensibilidad, casi ausente en el resto de sus obras.

En resumen, nos encontramos ante una novela muy en la línea de Egan. Con párrafos en los que las fórmulas y los conceptos físicos más abstractos campan por sus respetos y con un buen número de ideas sorprendentes y brillantes. Si a esto le añadimos una interesante reflexión sobre la evolución personal y el cambio interior, el resultado es una obra que sin duda complacerá a los seguidores del escritor australiano.

Puede que Schild’s Ladder no sea la mejor novela de Greg Egan hasta la fecha (la crítica no la ha tratado especialmente bien), pero para mí se vuelve a demostrar que este autor está muy por encima de la media. Es una lástima que, de un tiempo a esta parte, las editoriales españolas parezcan haberle olvidado.