por Manuel de los Reyes
Peter F. Hamilton
Pandora’S Star
Del Rey Ballantine Books www.delreybooks.com
Peter F. Hamilton, nacido en Rutland en 1960, publicó su primera historia a la revista Fear en 1988, un año después de decidir que quería dedicarse a escribir. Ha llovido desde entonces, y le ha dado tiempo a escribir multitud de relatos, novelas, series, antologías… de las que el lector español hasta la fecha sólo podía encontrar La tormenta de luz , publicada en 2001 por Ediciones SM con traducción de Rafa Marín, y que a tenor de lo que se dice sobre ella en Internet, no ha debido de leérsela nadie. Lástima, porque para el aficionado a la space opera más colosal, a las aventuras salpicadas de sexo y vísceras —pero sin pasarse—, al humor y al romance, las obras del señor Hamilton tendrían que ser una lectura ineludible.Ésta es al menos la impresión que me queda tras la lectura de su Pandora’s Star , primer volumen de una «bilogía» que se completará cuando salga a la venta Judas Unchained , en octubre de este mismo año. Reconozco que encaré este libro sin mucho entusiasmo; a fin de cuentas, novecientas ochenta y ocho páginas son muchas páginas, y pocos los autores que sepan mantener enganchado al lector tanto tiempo. Por suerte para mí, la sorpresa que me llevé no pudo ser más agradable.Pandora’s Star comienza describiéndonos el primer aterrizaje en Marte del hombre, por obra y gracia del capitán de la NASA Wilson Kime. Todas las miradas pendientes de su nave Ulysses , expectantes los pasajeros que han pagado una millonada por estar ahí, al pie de la historia, y Wilson tan contento porque tras un tedioso viaje pilotado por las guías automáticas de a bordo, va a ser él el que pose el aparato en suelo rojo de forma manual, confiando únicamente en su pericia. Para su consternación, no obstante, en Marte los aguarda un inesperado comité de bienvenida: el multimillonario playboy , científico, aventurero, chuleta y único adalid vivo del peinado afro, Ozzy Isaac.

Mientras los gobiernos de la Tierra se dedicaban a invertir millones en el viaje espacial, Ozzy y su compañero Nigel Sheldon han construido una tecnología de agujeros de gusano que les permite saltar de un planeta a otro de forma instantánea. Las consecuencias de este hallazgo no se hacen esperar: la humanidad se olvida de seguir intentando superar la velocidad de la luz y la carrera espacial se detiene, dado que ahora basta con trasponer un umbral para llegar a cualquiera de los seiscientos mundos de la Intersolar Commonwealth . Esto, sumado al descubrimiento de algo muy parecido a la inmortalidad, propicia que para el año 2380 la especie humana parezca haber alcanzado algo muy parecido a su cenit cultural. Lo único que lamentan las personas del futuro es no haber encontrado señales de vida alienígena inteligente en ninguna parte del universo, pero no tienen de qué preocuparse, ya que eso está a punto de cambiar… o quizá deba ser precisamente ése su mayor motivo de preocupación.

El elenco de personajes de Pandora’s Star es nutrido, como si Hamilton se hubiera impuesto el reto de introducir la mayor cantidad posible de figuras en un escenario que, por otra parte, las asimila sin dificultad. En Pandora’s Star nada es pequeño ni mediocre, la acción se aleja del patetismo propio de otros colosos británicos de la space opera como Iain M. Banks o Alistair Reynolds en favor de un tremendismo de marca personal. La novela se sincera con el lector desde el primer momento y tiende al maniqueísmo sin ambages, caracterizándose los héroes por su apostura, arrojo y alma de boy scouts ; las femmes fatales por su voluptuosidad, astucia y ardides a la hora de embaucar a los hombres; los científicos por su carencia de aptitudes sociales, su mesianismo y su anteposición del fin a los medios; y los malos por su… en fin, por su maldad . Llama la atención, empero, que esta marcada tendencia al blanco y negro que impregna las páginas del libro consiga no aburrir al lector. La razón principal de que esto sea así se puede resumir en una sola palabra: Escenarios.

eiscientos planetas dan para construir un generoso tablero de juego donde colocar las fichas. Desde el recién explorado y todavía virgen Alpha Major a la recóndita Ice Citadel, de la cúpula de New Glasgow a la franquicia de Silent World, de la misteriosa entidad planetaria viviente de High Angel al mundo privado de Ozzieworld, Hamilton ejerce de modélico guía turístico para un lector que, sin darse cuenta, irá hundiéndose paulatina e irremediablemente en las arenas movedizas de su imaginación. La gigantesca trama, mezcla de thriller político, terror, romance, serie negra y aventura pulp , encuentra en este vasto escenario el lienzo perfecto para plasmarse en todo su esplendor y, el lector, horas de agradecida lectura que, para remate, culminan con la mejor expresión de cliffhanger que han visto estos cansados ojos en mucho tiempo.