por Elías F. Combarro
Robert Reed
Marrow
Time-Warner Books
Mucho se ha debatido sobre el “sentido de la maravilla” en la literatura de ciencia ficción. Ese sentimiento que nos embarga cuando nos encontramos con artefactos increíbles, con alienígenas sorprendentes o con conceptos inusitados, es un ingrediente fundamental y, para algunos, una de las características más definitorias del género. Son muchos los que opinan que el sentido de la maravilla alcanzó su mayor exponente en la Edad de Oro y que, de alguna manera, pertenece ya a un pasado más glorioso. Sin embargo, autores modernos como Alastair Reynolds, John C. Wright o Peter F. Hamilton han rescatado y actualizado todas estas sensaciones. A esa lista hay que añadir, sin duda, a Robert Reed.

Su novela Marrow es una extraordinaria colección de aventuras, conspiraciones, misterios y sorpresas en un marco que desborda la imaginación y encandila al lector: una misteriosa nave del tamaño de Júpiter. De origen desconocido y aparentemente abandonada a su suerte, la Gran Nave fue descubierta cuando su curso se cruzó con la Vía Láctea. Interceptada y colonizada por los humanos ahora ha sido convertida en un vehículo de transporte que circunnavega la galaxia recogiendo pasajeros y entregando mercancías. Pese a que la mayor parte de la nave ha sido explorada, sus grandes misterios aún no han sido desvelados. ¿Quién la ha construido y para qué? ¿En qué momento? ¿Por qué ha sido abandonada? Todas estas incógnitas cobran aún mayor trascendencia cuando se produce un sorprendente descubrimiento: en el interior de la Gran Nave, en su mismo centro, se encuentra un planeta. La exploración de este nuevo mundo bautizado acertadamente como Marrow (tuétano) deparará innumerables aventuras y revelará algunos de los secretos de la Gran Nave, de sus Constructores y de sus objetivos al diseñarla.

He de reconocer que, personalmente, este argumento me parece uno de los más impactantes e intrigantes que me he encontrado en mucho tiempo, una especie de Cita con Rama elevado a la enésima potencia. A partir de ahí, Reed tenía mucho terreno ganado para conseguir que la historia me gustase. Y vaya si lo ha conseguido. En la novela, extremadamente amena, nos encontramos con exóticas especies alienígenas, intrigas por el poder, interesantes sociedades y multitud de aventuras en circunstancias sumamente adversas. Todo ello engarzado por el hilo común de la fascinante exploración de la Gran Nave y sus secretos. Reed administra estos sugerentes elementos de forma magistral, consiguiendo un cóctel tremendamente atractivo que no dudo en recomendar a cualquier aficionado a la buena ciencia ficción.

Pese a todas estas virtudes, el libro, desde luego, no es perfecto. El estilo no es demasiado brillante. Los personajes no están especialmente bien desarrollados. Además, para que las cosas encajen, el autor recurre a multitud de truquillos, que algunas veces son demasiado evidentes. ¿Que la nave tarda millones de años en realizar su viaje? No hay problema, hacemos que la tripulación sea inmortal y todo arreglado. Eso sí, para haber vivido unos cuantos milenios a veces resultan bastante inocentes.

En cualquier caso, antes de empezar a leer Marrow , no me esperaba una joya estilística ni una sesuda disquisición sobre el efecto de la inmortalidad en la evolución de la sicología humana. Marrow da, ni más ni menos, lo que promete: toneladas de entretenimiento. De hecho, diría que es una de las lecturas más divertidas con las que me he topado últimamente. Exploraciones y descubrimientos, traiciones y enfrentamientos se suceden unos a otros a lo largo de las páginas de un libro que, pese a no ser especialmente corto (supera las 500 páginas en su edición de bolsillo), nunca se hace pesado. Para agilizar la narración, el autor recurre nuevamente a algunos ardides. Somos inmortales, ¿no? entonces, ¿qué significan unos cuantos cientos de años para nosotros? Así, en ciertos momentos nos encontramos con que, de un párrafo a otro, la historia ha avanzado mil años como quien no quiere la cosa. Desde luego, esto redunda en un ritmo más vivo, aunque a veces puede desconcertar al lector despistado.

Finalmente, en una época en la que están de modas las trilogías, tetralogías y demás sagas casi infinitas, Marrow no podía ser una excepción. La obra surge originalmente como ampliación de la novela corta homónima (que fue nominada para los premios Hugo ) y en el marco de algunas otras historias situadas en el mismo universo. A su vez, aunque tiene un final bastante cerrado, este libro prepara claramente el terreno para el par de secuelas (una novela corta y otra “larga”), que han visto la luz en los pasados años. Y puede que haya más a la vista. Según se mire, esto puede ser interpretado como un defecto (esas interminables series de decreciente calidad) o como una excelente oportunidad de seguir disfrutando de la desbordante imaginación de Robert Reed.

Por mi parte, estaré encantado de sumergirme de nuevo en la exploración de la Gran Nave, viajando entre las galaxias y contemplando maravillas.