por Iván Fernández Balbuena

Ciencia Ficción es lo que se publica en las revistas de ciencia ficción
-Norman Spinrad-

De todas las definiciones del género, está ha sido siempre mi preferida, indudablemente, por que frente a las sesudas y abstrusas aportaciones de otros investigadores, Spinrad soluciona el problema con sencillez y mucho sentido del humor. Obviamente, la extrapolación lógica de esta frase sería algo así como “La literatura de ciencia ficción es aquella que se publica en las colecciones de ciencia ficción”. Y, realmente, esta afirmación es cierta para la mayoría de los lectores fandomitas.

Sin embargo, tengo que reconocer que la frase de Spinrad no deja de ser totalmente falsa. Efectivamente, hay muchos libros de ciencia ficción que nunca se han publicado en una colección de género y, lo que es más, hay muchos escritores de libros de ciencia ficción que jamás supieron que estaban escribiendo ciencia ficción.

Los casos más paradigmáticos los tenemos en novelas clásicas como Un mundo feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell, libros que casi nadie fuera de nosotros los frikis clasificaría como ciencia ficción. Más gracioso aún es el caso de Olaf Stapledon que descubrió lo que era la ciencia ficción cuando un aficionado inglés le pasó algunos ejemplares de las revistas pulp norteamericanas, eso si, previamente había escrito libros como Primera y última humanidad y Hacedor de estrellas.

Hoy en día, las cosas ya no son así, la ciencia ficción se ha convertido en un elemento más de la cultura cotidiana. Lo impregna todo, no solo aspectos artísticos como la literatura y el cine sino otros muchos ámbitos como la publicidad o el lenguaje cotidiano.

Una situación que habría hecho las delicias de la mayoría de los aficionados de los años 30-50 si no fuera por un matiz muy importante: la ciencia ficción es cotidiana pero también es cotidianamente despreciada. El mejor ejemplo es la famosa frase “Esto es de ciencia ficción” como sinónimo de una situación extraña o ridícula.

Da lo mismo lo que los aficionados al género intentemos decir, los medios de comunicación y la gran masa de la población ya ha efectuado su veredicto: la ciencia ficción es una chorrada sin importancia y, como mucho, solo digna de interés en la etapa más infantil de nuestra existencia.

Obviamente, está claro que esta visión es errónea. Lo sabemos nosotros pero también lo saben muchos escritores que utilizan la ciencia ficción habitualmente pero no se consideran parte del género. Es una situación también vieja y que tuvo en el pasado como mayor exponente a Kurt Vonnegut pero lo curioso es que últimamente son cada vez más los autores que están haciendo sus pinitos (y muy bien, todo hay que decirlo) en nuestro campo.

De hecho, algunos de los mejores libros del 2005 no han sido publicados ni dentro de colecciones de género ni han sido escritos por autores habituales a esta temática. Como ejemplo tenemos: Olvídate de mi de Kazuo Ishiguro (Anagrama), La conjura contra América (Mondadori) de Philiph Roth, La posibilidad de una isla de Michel Houlleubecq (Alfaguara), La mujer del viajero del tiempo de Audrey Niffenegger (Grijalbo), Cazadores de luz de Nicolás Casariego (Destino) además finalista del Nadal, Leila.exe de Hari Kunzru (Alfaguara) o Días memorables de Michael Cunningham (El Aleph).

Algunos de estos escritores reconocen que su obra es ciencia ficción y alaban el género, caso de Cunningham o Houlleubecq, otros huyen de él como de la peste como ha dejado claro Ishiguro. Da lo mismo, para los editores es bien sabido que la ciencia ficción como tal no vende y que el lector “serio” la rehuye. Así pues, no les queda más remedio que enmascarar en lo posible el producto que están vendiendo, por lo tanto, hay que conseguir que ni la portada ni la sinopsis hagan suponer a un cliente potencial que lo que está comprando no es literatura seria y sesuda. Así pues, la palabra ciencia ficción queda proscrita de la portada, solapa y parte trasera del libro. Claro, eso obliga al sufrido editor a hacer auténticos malabarismo verbales para conseguir sus objetivos y, sinceramente, en bastantes ocasiones se roza el ridículo. Y para muestra aquí hay una selección de “perlas” sacadas de las sinopsis de algunos de los libros de mi biblioteca. No he intentado ser exhaustivo y solo he seguido un criterio: que la palabra ciencia ficción no apareciese por ningún lado, los resultados son, cuando menos, sorprendentes. Es cierto que algunas editoriales si colocan el odiado nombre en algunos de sus títulos (como es el caso de Alianza o Plaza & Janés) pero suelen hacerlo con autores que son conocidos como tales por todo el mundo (un Asimov o un Herbert). Sin embargo, esto es más la excepción que la norma.

Junto al título, autor y editorial he añadido la fecha de la edición en castellano del libro (del libro concreto que tengo en mi poder no de la primera edición en nuestra lengua) únicamente para que el lector sea consciente de cuan antigua es esta práctica en nuestro país. En fin, que disfrutéis de este jardín del absurdo digno de Stanislaw Lem.

-La mujer del viajero del tiempo Audrey Niffenegger, 2005 (Grijalbo)

Una novela que invita a pensar en la perdurabilidad del amor y el paso del tiempo, en la emoción irrepetible de las primeras sensaciones, tanto en una relación como en la vida.

Y teniendo en cuenta que el protagonista viaja en el tiempo de forma involuntaria va a ser que además de una novela de amor también es de ciencia ficción.

-Cazadores de luz Nicolás Casariego, 2005 (Destino)

Nicolás Casariego urde una trama que parte de un mundo por venir para poner en tela de juicio el rumbo de nuestro presente y nos ofrece el retrato de una realidad imaginaria cuyos valores no distan demasiado de los que rigen en nuestros días.

Un bla bla mareante, mucho más corto decir que es una novela de ciencia ficción sobre el capitalismo del futuro.

-La señorita Smila Peter Hoeg, 1997 (Tusquets)

Peter Hoeg nos embarca en una aventura fascinante, tan inolvidable como la propia protagonista.

Si además leemos la sinopsis parece un policíaco, lo malo es que al final aparecen unos gusanos extraterrestres que han llegado a la Tierra en un meteorito que, cierto es, son de lo más fascinante e inolvidable.

-Nunca me abandones Kazuo Ishiguro, 2005 (Anagrama)

Y el lector de esta espléndida, minuciosamente construida novela, utopía gótica, fábula (in)moral, peculiar ficción científica con ecos de Blade Runner y Soylent Green …

¡Joder! Mira que este se pone pedante. Lo de utopía gótica me parece de lo más original, ficción científica es el eufemismo preferido de los editores para decir ciencia ficción pero lo que ya es de traca es citar dos películas de culto y en idioma original (Soylent Green aquí se estrenó como “Cuando el destino nos alcance”), lo que sea en vez de decir “¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?” de Philip K. Dick y “¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!” de Harry Harrison. Por cierto, esta novela va de clones y aún me pregunto que coño tiene que ver con las pelis antes citadas.

-La verdadera historia del último rey socialista Roy Lewis, 1994 (Anaya & Mario Muchnick)

Y si las cosas hubieran sucedido de otra manera? ¿Y si en un momento crucial hubieran tomado otro curso? Preguntas que todo ser con uso de razón se plantea, cada vez que se toca el tema de esa materia impalpable llamada Historia.

Y que suele dar lugar a una ucronía, un sub-género típico de la ciencia ficción.

-Las crisálidas John Wyndham, 1976 (Guadarrama)

Con un concepto modificado de lo que usualmente se llama ciencia ficción…

Teniendo en cuenta que el argumento gira alrededor de un mundo post-apocalipsis atómico con niños mutantes por todos lados aún me pregunto donde esta la modificación…

-La muerte de la hierba John Christopher, 1976 (Guadarrama)

Su poder de convicción le viene de que la acción tiene lugar, no en un hipotético y lejano futuro, sino en el presente.

¡Ah! Claro, que si pasa en el presente no es ciencia ficción, pues nada a esperar que el fin del mundo por una mutación vírica de un arma biológica estalle ya, a ser posible el lunes que así no voy a trabajar.

-La posibilidad de una isla Michel Houellebecq, 2005 (Alfaguara)

Temas filosóficos, sociales, políticos y científicos, clonación y sexo, juventud y vejez, violencia y deseo…

Que si se hubiesen tratado de otra manera nos hubieran dado una novela realista o un thriller pero dado que están narrados por neohumanos en un futuro después del fin de Homo Sapiens igual podríamos decir que es ciencia ficción y todo.

-Ensayo sobre la ceguera José Saramago, 2003 (Alfaguara)

El lector conocerá una experiencia imaginativa única. En un punto donde se cruzan literatura y sabiduría, José Saramago nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver.

Pues si, me encanta esa frase del cruce entre literatura y sabiduría, voy a apuntarla como otra posible definición de ciencia ficción.

-Memorias de una superviviente Doris Lessing, 1987 (Salvat)

Con este libro Doris Lessing afirma haber escrito su autobiografía. Al filo de la ciencia ficción, con una pesimista óptica del futuro, la narración alcanza valores simbólicos.

Lo de al filo de la ciencia ficción me lo van a tener que explicar, más al filo y se corta: fin del mundo, animales diseñados genéticamente…

-El hombre de toque mágico Stephen Vizinczey, 1994 (Seix Barral)

La nueva novela de Stephen Vizinczey, es un apólogo moral en la mejor tradición del género desde Swift.

Bueno, no todos los apólogos morales son ciencia ficción, ni toda la ciencia ficción apólogos morales pero como en este libro hay un extraterrestre que otorga un poder increíble a un sencillo mortal igual hay que crear un nuevo sub-género: ciencia ficción moral, o algo así.

-La nube púrpura M. P. Shiel, 1986 (Seix Barral)

A la vez novela de aventuras en la tradición de Poe y Stevenson, novela de ficción científica y fabulación alegórica y visionaria.

La vieja ficción científica vuelve a asomar su cara, lo de colocar como ejemplo a señores tan serios y aceptados como Stevenson y Poe tampoco es nada original. Por cierto, que la primera edición en español de esta novela la publicó Nebulae en su 1ª Época, eso si, sin complejos, la colección ponía claramente ciencia ficción en sus portadas.

-Ariel John M. Bickham, 1986 (Planeta)

Esta apasionante novela es a la vez un relato de intriga y una gran historia de amor.

Como trata sobre los intento por crear Inteligencia Artificial también podríamos decir que es ciencia ficción ¿no?

-El viento del Sol Arthur C. Clarke, 1981 (Alianza)

Los principales jalones científicos y tecnológicos de la década de los 60 están reflejados en estos 18 relatos.

Los 60 debieron de ser la bomba, sobre todo si en ellos tuvieron lugar carreras entre naves espaciales solares como las que describe el relato que da título al libro.

-Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco Arthur C. Clarke, 1985 (Alianza)

Todos los relatos – basados en su mayoría en la extrapolación hasta el absurdo de las posibilidades tecnológicas que encierra el conocimiento científico contemporáneo – se hallan animados por una lógica disparatada que los hace convincentes precisamente por ser inverosímiles.

La frase que hay entre guiones es uno de los mejores, y más largos, eufemismos para ciencia ficción que he encontrado en mi vida.

-Eden Stanislaw Lem, 1991 (Alianza)

Un relato que desborda fantasía y en el que Lem hace gala una vez más de su capacidad fabuladora y su dominio de los recursos literarios.

Curiosa capacidad fabuladora la suya que nos sitúa en la primera expedición humana a otro planeta, vamos, ni Esopo.

-Juegos de Capricornio Robert Silverberg, 1979 (Caralt)

Robert Silverberg, especialista en arqueología, graduado por la Columbia University, presidente de la Science Fiction Writers of America, aporta al género de ficción científica elementos que proceden tanto de su formación universitaria como de su espíritu lúdico.

Decir que Silverberg es arqueólogo es como mencionar que Asimov es químico o Torres Quesada pastelero, una parida que en bien poco ayuda a entender mejor su obra pero eso si, queda de lo más culto (bueno, quizás lo de pastelero no tanto). Atentos a la finura de no traducir Escritores americanos de ciencia ficción para no asustar al lector, una chapuza si tenemos en cuenta que esta edición es un retapado de la colección de ciencia fricción de Caralt y en la primera página aparece el odiado nombre en letras bien gordas.

-Una canción para Lya George R. R. Martín, 1982 (Caralt)

Éstas y otras historias definen el mundo futuro de George R. R. Martín, complejo, ingenioso, profético pero intensamente real.

Mundo futuro = ciencia ficción, diccionario de español-fandom, fandom-español.

-Milenio Ben Bova, 1978 (Javier Vergara)

El tema de la novela es el aterrador mundo del futuro.

Más de lo anterior.

-Corte de corteza Daniel Sueiro, 1969 (Argos Vergara)

Novela solo de aparentemente anticipación puesto que su estructura argumental no es sino el pretexto para ofrecer la más ácida y despiadada visión de la sociedad contemporánea.

Anticipación es otro eufemismo editorial para ciencia ficción pero este editor es tan fino que va más allá y riza el rizo añadiendo el adverbio aparentemente. Por cierto, que, iluso de mi, yo siempre había pensado que la ciencia ficción de calidad era la que servía para echar vistazos ácidos y despiadados de la sociedad actual, despistado que es uno.

-Quizá nos lleve el viento al infinito Gonzalo Torrente Ballester, 1984 (Plaza Janés)

Espionaje-ficción, aventura-ficción… e incluso filosofía-ficción en esta novela en la que el lector va de sorpresa en sorpresa.

Este es mi preferido, el editor habría escrito lo que sea-ficción con tal de no mezclar al sagrado Torrente Ballester en la ciencia-ficción, patético.

-La nave Tomás Salvador, 1974 (Plaza Janés)

¿Qué es LA NAVE? Literariamente una novela de fantasía-científica, formalmente la anticipación de algo que muy bien podría suceder.

Una anticipación del caso anterior, la colección Reno era seria, Tomás Salvador era serio pero la ciencia ficción no lo era así que nos inventamos la fantasía-científica y tan contentos. Eso si, teniendo en cuenta que el libro va de naves generacionales, el optimismo del editor sobre su cercanía es alucinante.