por José Manuel Uría González

Una de las temáticas más comunes en el seno de la ciencia ficción es la del contacto con civilizaciones extraterrestres. No es de extrañar, por tanto, que uno de los autores más emblemáticos de la ciencia ficción europea, el recientemente desaparecido Stanislaw Lem (1922-2006), también tratara el tema en sus obras. El caso de Lem es especial, ya que el primer contacto ha sido uno de los temas capitales de su obra. Además, a diferencia de lo que sucede con otros autores, es tratado desde una perspectiva epistemológica contraria a la visión antrópica dominante en esta temática.

El tema del primer contacto en Lem puede abordarse desde varios puntos de vista. Puede hacerse desde una perspectiva puramente literaria y estructural, definiendo una serie básica de estructuras narrativas específicas que se encuentran en la obra de Lem y analizándolas. Otra posibilidad es la de considerar un análisis de corte estrictamente científico, es decir, considerar el tipo de vida imaginada por el autor polaco y comentar la plausibilidad científica de ésta. Y también puede hacerse un análisis epistemológico considerando como la teoría general del conocimiento que aparece a lo largo de la obra de Lem puede aplicarse a la cuestión del primer contacto, o viceversa. Aquí enfocaré el tema como una mezcla de estas tres vías de análisis.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que Lem escribe una ficción puramente científica. Al hablar de ficción científica no debemos considerar que se trata de una ficción enteramente científica, o en dónde el elemento científico es el dominante, sino una ficción en la cual los elementos introducidos sean compatibles con la ciencia del momento, o con una ciencia del futuro, porque en el fondo se trata de narrativa y no de ensayo. ¿Cómo construir dicha ficción estrictamente científica? El propio Lem sugiere una serie de alternativas en alguno de sus ensayos. Por ejemplo, parece claro que no habremos de tener en la narración contradicciones lógicas, o acontecimientos que claramente violen las principales leyes físicas que conocemos, ya que en tal caso habríamos de hablar de fantasía pura. Además, a diferencia de otros autores de ciencia ficción, Lem se limita a introducir en sus historias elementos científicamente plausibles pero con unas fronteras de lo posible claramente delimitadas. Y es que consideraba su literatura no como literatura fantástica, sino como una literatura realista en cuanto que trataba sobre acontecimientos que podrían suceder en un futuro y en este mundo. Hay que tener en cuenta que Lem consideraba ontológicamente diferenciadas a la literatura eminentemente fantástica de la ficción científica alegando razones de corte puramente estructural en lo narrativo así como en la intencionalidad implícita en lo narrado. Además, en la obra de Lem no se introducen de forma explícita elementos metafísicos.

Si tenemos esto en cuenta, podemos concluir que los extraterrestres imaginados por Lem son extraterrestres que realmente podrían existir en nuestro mundo y no en un mundo meramente imaginario. Este carácter realista que Lem pretendía dar a sus obras es fundamental para entender toda su producción literaria como una reflexión epistemológica en torno a una teoría del eminentemente científica, de ahí que Lem pueda considerarse como una autor sobre lo epistemológico, que no sobre lo gnoseológico (la gnoseología es la teoría filosófica general del conocimiento, incluye a la basada en la ciencia, la epistemología, pero también a otras teorías del conocimiento no científicas). El realismo le aporta más entidad a cualquier reflexión que se plantee sobre las civilizaciones extraterrestres, porque este ya es un tema de interés científico. A este respecto, los extraterrestres de Lem, además de ser los ejes fundamentales en torno a los que gira la especulación científica principal de cada una de sus historias, de forma implícita también simbolizan lo desconocido, aquello que el ser humano no puede comprender por ser algo ajeno a su naturaleza. Y lo desconocido, por tanto, escapa al análisis científico en cuanto que este es una construcción humana, tanto mental como social, y como tal construcción humana es limitada e imperfecta.

Si consideramos la novela que presenta de forma más optimista el contacto con extraterrestres, Edén, ya nos encontramos con una crítica a la metodología científica de estudio de lo ajeno a lo humano. Cualquier nuevo fenómeno, cualquier nueva problemática, presenta dificultades propias y originales, y como tal debe ser estudiado. Sin embargo un análisis en términos de especialidades científicas estancas puede resultar, y de hecho lo es, insuficiente. Es lo que sucede en Edén, en donde los científicos humanos no son capaces de comprender en su conjunto a la sociedad del planeta Edén ya que parten de sus limitados puntos de vista de especialidad. Sólo un análisis global, holístico, puede ser fructífero. Es más, de entre los protagonistas el cibernético, que es quien por su formación puede realizar tal tipo de análisis siempre se encuentra más cerca de la respuesta que sus compañeros El hecho de que no se mencionen los nombres propios de la tripulación de la nave accidentada en Edén sugiere que cada uno simboliza a cada una de las ciencias en la que es especialista. Encontramos aquí, por primera vez en la obra de Lem, un pensamiento basado en la cibernética de Nobert Wiener. Pero al final el contacto es posible gracias al empleo del lenguaje universal de las matemáticas como canal de comunicación, si bien los humanos no podrán comprender completamente la cultura del planeta Edén, al ser este una cultura totalmente diferente a la suya, a pesar de obtener respuestas para los enigmas que se plantearon durante su expedición.

Si dentro de la comunidad científica que desarrolla la ciencia que pretende estudiar el tema de las civilizaciones extraterrestres denominada Exobiología (actualmente se está imponiendo el término Astrobiología), se considera a las matemáticas como un lenguaje universal, Lem niega esta posibilidad en una de sus más interesantes novelas, y posiblemente una de las menos conocidas, La voz de su amo. Presentada como si fuese la genuina obra autobiográfica de un famoso matemático anónimo, nos narra el proceso de análisis y estudio de un supuesto mensaje extraterrestre encontrado en el fondo cósmico de neutrinos. Pero las conclusiones a que llega el estudio son insuficientes, y completamente pesimistas según el punto de vista del matemático. Ni siquiera puede decirse que exista tal mensaje, no puede asegurarse si se está frente a un mensaje o frente a otra cosa radicalmente diferente, aunque parece ser resultado de algún tipo de actividad inteligente. Y las matemáticas humanas resultan insuficientes para desentrañar la estructura oculta en el supuesto mensaje. Tal vez lo que se ve como un mensaje, como una estructura ordenada con una finalidad dirigida a la comunicación entre especies, no sea más que un subproducto en el seno de un todo mayor y más complejo, completamente incognoscible para la matemática humana. Resulta imposible establecer comunicación, o comprender las intenciones, cuando se trata de una civilización tan avanzada que se salga completamente de los estándares humanos, tanto en el desarrollo tecnológico como cognitivo. Incluso podría ser una civilización que habite en otro nivel de existencia en el continuo espacio-tiempo. Las matemáticas no son un absoluto universal, y aunque lo fuesen, hoy ya sabemos que existen en su seno problemas irresolubles o en los que el azar ontológico juega un papel clave. El azar y la complejidad intrínsecos, del modo que sugiere el matemático G.J. Chaitin podrían manifestarse en el mundo real en problemas del tipo de los que aparecen en La voz de su amo. Estamos ante una crítica de corte epistemológico, pero de mucho más calado que en el caso anterior, porque si en Edén se realizaba una crítica a la metodología de trabajo científica, en este son los propios pilares de la ciencia misma los que se ponen en duda cuando nos enfrentamos a lo extraño a la mente humana.

No obstante, esta crítica no es incompatible con una visión antrópica del cosmos en la cual el ser humano se considera como un observador privilegiado. Esta visión no es excluyente, ya que en ella podríamos englobar a aquellos que sin ser humanos existan como resultado de los mismos procesos físicos o biológicos que han dado lugar al ser humano, es decir, a la inmensa mayoría de los extraterrestres que aparecen en la ciencia ficción. Sin embargo, los principios metacientíficos fundamentales en Lem son el principio copernicano y el principio de mediocridad, que podríamos resumir diciendo que el ser humano no es un observador privilegiado ni es de naturaleza especial, ya sea porque es único en esencia o porque es la forma dominante de vida desarrollada en el universo. Hay que tener en cuenta que estos son dos de los principios básicos de toda la ciencia, sin embargo muchos autores no los llevan hasta sus últimas consecuencias, cosa que un escritor como Lem si hizo con frecuencia, siendo mucho más consecuente que la mayor parte de la comunidad científica contemporánea.

Pero si admitimos con todas sus consecuencias tales principios podríamos encontrarnos con formas de vida totalmente ajenas a lo humano y aún así basadas en las mismas física y química que nos han permitido evolucionar hasta ser lo que somos, quién sabe si también las mismas leyes biológicas. Podría darse el caso de que encontrásemos formas de vida dominantes a las que no se les puede aplicar los conceptos de vida y de inteligencia tal como los entendemos actualmente.

Tal tipo de formas de vida son las protagonistas de El invencible. Comenzando como una aventura espacial en la que una nave llega a un planeta extraño y un gran peligro la aguarda, o sea un argumento repetido hasta la sociedad tanto en la literatura como el cine de ciencia ficción, de repente la historia da un giro y nos encontramos con una historia compleja y fascinante en donde las protagonistas son unas formas de vida totalmente extrañas y ajenas. No estamos ante entes puramente biológicos, sino ante extraños híbridos cibernéticos, máquinas sometidas a procesos de selección natural. Aquí volvemos a encontrarnos con la cibernética, y no de forma casual, ya que Lem nos muestra un posible futuro para las formas de vida cibernética cuando estas se ven sometidas a la selección natural. La forma de vida mejor adaptada en un medio ambiente así no es aquella más poderosa o compleja. A su vez la complejidad puede surgir de muy diversas maneras, no siendo la inteligencia de tipo humano la más plausible entre todas ellas.

Hasta ahora hemos visto como el contacto no parece ser posible en la medida en que el ser humano no tiene por qué ser el patrón universal en cuanto a formas de vida e inteligencia. Estadísticamente nos encontraremos con más casos en los cuales los extraterrestres se encuentran en un nivel de evolución o de desarrollo diferente el nuestro ya sea superior, inferior o paralelo. Pero, ¿sería posible el contacto con una civilización de desarrollo tecnológico similar al humano? Ese es el punto de partida de Fiasco. El hecho de que estadísticamente hay más posibilidades de que la mayor parte de las civilizaciones sean superiores, inferiores o radicalmente diferentes a la nuestra, impone la necesidad de considerar lo que habitualmente se denomina una ventana de contacto. Es decir, sólo podremos comunicarnos con las civilizaciones que están dentro de esa ventana, con las demás el contacto no sería viable por todas las razones expuestas anteriormente.

Tras doscientos años de SETI ( siglas de búsqueda de inteligencias extraterrestres en inglés) la humanidad ha detectado por fin, en el planeta Quinta, una civilización que cumple todas las condiciones necesarias para que el contacto sea posible. A tal fin se envía a la nave Eurídice a ese sistema para establecer contacto con la cultura extraterrestre. Sin embargo el contacto es un fiasco, un completo fiasco, de ahí el título de la novela. Pero no será por causa del desigual desarrollo tecnológico, ni siquiera por la imposibilidad de establecer un canal de comunicación. No, la causa del fiasco es que simple y llanamente los quintanos no desean comunicarse con los humanos. Y es que una mente alienígena es algo completamente extraño y no se rige por nuestros esquemas humanos. Las propias conclusiones a que llegan los tripulantes del Eurídice sobre las verdaderas intenciones de los quintanos son incompletas y se basan en una extrapolación de sus propias concepciones antropocéntricas. Y el fiasco no es el hecho en sí de la falta de contacto, sino la actitud que los tripulantes de la nave tienen como resultado de ello. Esa es la conclusión final de la novela, un final que sin duda es uno de los mejores, por no decir el mejor de toda la ciencia ficción. Un final que queda grabado a fuego en la mente del lector. Fiasco puede entenderse como el colofón de todas las novelas de Lem que tratan el tema del contacto extraterrestre. No sólo por lo cuidado de las reflexiones filosóficas, la estructura narrativa o el buen manejo de los conceptos científicos, sino por su magnífico e impactante final.

Pero la puesta en duda más radical de la adecuación entre nuestra percepción subjetiva de las cosas con el mundo real aparece en Solaris. Se trata de una novela completamente epistemológica en la que se pueden encontrar varios nivelas narrativos y de reflexión filosófica diferentes. En este caso no tenemos meros extraterrestres, tenemos una entidad planetaria indefinible completamente ajena no ya a lo humano, sino a cualquier concepción que tengamos de individuo o de especie. La diferencia con los extraterrestres de La voz de su amo puede ser de grado y los seres de El Invencible son especies sometidas a procesos de selección natural similares a los terrestres, pero la entidad Solaris es otra cosa radicalmente distinta. Solaris es algo que no podemos comprender porque está más allá de las capacidades intrínsecas de la mente humana, evolucione ésta más o menos.

A lo largo de la novela se nos narran las dificultades con que encuentra la solarística, el estudio del mar viviente de Solaris, para poder formar un marco teórico unificado y consistente. No hay hipótesis global posible sobre el mar, todas son parciales y sólo pueden dar cuenta de aspectos parciales del comportamiento del mar, es más, muchas de ellas son complementarias ya que son contradictorias entre sí, pero todas ellas permiten explicar una serie de fenómenos concretos. Si queremos dar una descripción completa del mar debemos considerar todo el conjunto de hipótesis solarísticas, pero nunca varias simultáneamente. Esta filosofía es muy similar a la desarrollada por Niels Bohr en el caso de la mecánica cuántica, y también es la base de los planteamientos epistemológicos de otras interesantes novelas de Lem como La investigación.

Pero también se puede ir más allá, y llegar a la conclusión de que no puede existir un estudio científico de Solaris. Sin abandonar la ciencia y sus principios, Lem nos está mostrando un problema que aparentemente puede ser planteado en términos científicos pero nunca resuelto, y que quizás ni siguiera sea científico. Para ver como es así podemos considerar los criterios de demarcación científica que se emplean en filosofía de la ciencia. Estos criterios son los que emplean los filósofos para establecer lo que es ciencia y lo que no lo es, siendo uno de los más populares (aunque no resulta satisfactorio, ni mucho menos) el de falsabilidad. Según este criterio, para que una hipótesis pueda decirse que es enteramente científica esta ha de ser tal que pueda ser refutada. Es decir la clave de la potencia científica de una teoría o hipótesis no es su verificabilidad sino la posibilidad de ser refutada por los experimentos u observaciones. Pero si tratásemos de aplicar un criterio de este tipo a la ciencia que se nos describe en Solaris, veremos que ninguna de las hipótesis presentadas puede ser refutada por la propia naturaleza esquiva del problema. Por tanto Solaris no habría de considerarse como una novela de ficción científica, porque el problema filosófico planteado trasciende a la propia ciencia. En este sentido Solaris es diferente a las otras novelas comentadas, ya que en este caso no está claro si podría englobarse en lo que es un ficción científica o habría que considerarla como ficción especulativa a secas. Sin embargo, no es fantasía pura, ya que en los términos en que se presenta la narración los elementos son plausibles y no caen en contradicciones lógicas o en violaciones flagrantes de leyes científicas básicas. No es pues fantasía, pero tampoco podríamos llamarla ficción científica, ya que en este caso se trata de ficción metacientífica. Es este un tema apasionante que deberían de considerar los estudiosos de la narrativa de ciencia ficción, porque podría ayudar a dar una definición de literatura de ciencia ficción más completa que las que habitualmente se manejan.

La conclusión a que podemos llegar tras la reflexión anterior es que si se analiza la obra de Lem en torno al contacto extraterrestre de forma conjunta se puede descubrir lo que podríamos denominar un programa de investigación narrativa (por analogía a lo que Irme Lakatos denominaba programas de investigación científica en el campo de la ciencia) original dentro de la ciencia ficción contemporánea. Un programa que está dotado de elementos estructurales comunes, una base filosófica que se desarrolla en las diferentes narraciones, y unas conclusiones finales de conjunto que fueron madurando a lo largo de la obra del genial escritor polaco. Y lo mejor de todo es que la lectura de todas las novelas de Stanislaw Lem que he comentado es muy entretenida. El mejor homenaje que le podemos hacer tras su muerte es leer todas estas novelas y disfrutar con su lectura.