Enero 2007

Monthly Archive

Premio Avalón de Relato Fantástico 2007

Posted by Avalón on 21 Ene 2007 | Tagged as: AsturCon 2007, Noticias

Avalón, Asociación Asturiana de Ciencia Ficción, convoca el Premio Avalón de relato fantástico 2007, que estará sujeto a las siguientes bases:

  1. Podrán presentarse al Premio Avalón de relato fantástico todas aquellas narraciones escritas en castellano que puedan ser encuadradas dentro de los géneros de ciencia ficción, fantasía o terror.
  2. Las obras deberán ser inéditas, no estar premiadas en otros concursos ni pendientes de resolución en ningún otro certamen durante la convocatoria de este premio.
  3. La extensión de cada relato no superará las ocho mil palabras.
  4. Las obras se remitirán en papel, en una sola copia. Se enviará también un CD-ROM con el relato en formato Word o RTF.
  5. Cada autor podrá presentar tantas obras como desee, entendiendo siempre que deberá realizar un envío separado para cada uno de los relatos que quiera presentar al certamen.
  6. Los miembros de Avalón, Asociación Asturiana de Ciencia Flcción no podrán presentar obras al certamen.
  7. Los relatos se enviarán bajo lema, acompañados de una plica en cuyo exterior se leerá el título y lema, y en cuyo interior figurarán los siguientes datos: titulo, nombre completo y DNI del autor, dirección, e-mail y teléfono de contacto.
  8. Se establece un premio de seiscientos (600) euros y un diploma acreditativo. El jurado podrá, si así lo considera conveniente, declarar un máximo de tres menciones honoríficas, que no estarán dotadas económicamente. El premio no podrá ser declarado desierto.
  9. El plazo de presentación de originales finalizará el 28 de abril de 2007; se admitirán aquellos originales que lleguen antes del 20 de mayo siempre que en el matasellos figure la fecha en que expira el plazo de presentación o una anterior.
  10. El fallo del jurado se hará público durante la celebración de la AsturCon 2007, en julio de ese año.
  11. Durante el espacio de un año a contar desde el fallo del jurado, Avalón, Asoclación Asturiana de Ciencia Ficción, se reserva el derecho de publicar el relato premiado. Pasado este periodo el autor del relato podrá disponer de él libremente. Así mismo los organizadores del certamen estudiarán la publicación de aquellos relatos presentados que consideren de calidad suficiente, entendiendo que tal publicación se hará siempre con permiso de los respectivos autores, quienes en todo caso cederán los derechos para una única edición.
  12. Los originales se remitirán a la siguiente dirección:
    Marisa Cuesta
    c/ Manuel Junquera 19, 4ª C
    33209 Gijón
    España
    En el exterior del sobre deberá constar: «Premio Avalón de Relato Fantástico 2007».
  13. Cualquier caso no previsto por estas bases será resuelto por el jurado y su decisión será inapelable.
  14. La presentación al concurso implica la total aceptación de las bases.

Premio Xatafi-Cyberdark

Posted by Avalón on 16 Ene 2007 | Tagged as: Noticias

Se ha convocado ya la segunda edición del Premio Xatafi-Cyberdark, que organiza la Asociación Cultural Xatafi y que pretende otorgar un reconocimiento a los mejores trabajos del género fantástico publicados en España durante el año 2006. El fallo del premio se dará a conocer, una vez más, durante la celebración de la AsturCon, en julio de 2007.

El jurado de este año está compuesto por Ignacio Illarregui Gárate, J. Fidel Insúa, Cristóbal Pérez-Castejón, Juan Manuel Santiago, Javier Vidiella, Mariano Villarreal y Arturo Villarrubia, actuando como secretario Alberto García-Teresa.

Las categorías son las siguientes:

-Mejor libro de ficción español (dotado con 350 euros cedidos por la librería virtual tienda.cyberdark.net)
–Mejor relato español (dotado con 150 euros cedidos por la librería virtual tienda.cyberdark.net)
–Mejor libro de ficción extranjero
–Mejor relato extranjero
–Mejor iniciativa editorial

El próximo 10 de mayo se hará pública la lista de los candidatos.

Sobre algunos aspectos militares de “La guerra de las galaxias”

Posted by Odemlo on 07 Ene 2007 | Tagged as: Artículos

por Iván Fernández Balbuena

Mucho se ha escrito sobre las múltiples influencias que recibió George Lucas durante los años que estuvo gestando su obra maestra La Guerra de las Galaxias, desde los estudios mitológicos de Campbell en El héroe de las mil caras, al cine japonés de Akira Kurosawa pasando por el budismo zen y las historias de samuráis, y sin olvidarnos del Santo Grial y la leyenda artúrica.

Es fácil observar como Japón es uno de los primeros referentes que vienen a la cabeza cuando pensamos en La Guerra de las Galaxias, tanto en lo estético, la máscara de Darth Vader, los sables de luz, los trajes de los Jedi, como en lo filosófico, la relación maestro alumno entre Obi Wan Kenobi y Luke Skywalker. Esto no debería de resultar raro, a fin de cuentas Lucas es californiano y este estado, volcado al Océano Pacífico, siempre ha sido el más asiático de E.E.U.U.

Sin embargo, hay un pequeño detalle referente a esta película y Japón que creo que la mayoría de la gente ha pasado por alto y que personalmente siempre me ha llamado la atención. Me refiero a la ambientación bélica de toda la cinta por que, no olvidemos, La Guerra de las Galaxias, como su título indica, está situada en una guerra y su parte final no deja de ser una batalla en toda regla.

Obviamente, es esta una cuestión un tanto secundaria, la película se centra sobre todo en las aventuras de una serie de personajes donde la Historia con mayúsculas queda como telón de fondo. Lucas se inventó una guerra donde situar su historia y una batalla que permitiese a sus héroes lucirse en el más puro estilo épico.

Ahora bien, la guerra que, más o menos, se nos narra en la primera película de la serie y mucho antes de que las cosas se hiciesen más complejas con las diferentes secuelas y precuelas es relativamente sencilla. Existen un poder tiránico con una gigantesca flota de guerra denominado Imperio que se ha hecho hace poco con el poder en la galaxia, frente a él se ha alzado una rebelión democrática que parece estar utilizando la táctica de la guerra de guerrillas. Como se nos narra en las famosas letras inclinadas que abren la película y funcionan como introducción, los rebeldes, atacando desde bases ocultas, han conseguido derrotar a la invencible flota imperial.

A partir de ahí la flota imperial se dedica a rastrear la galaxia en busca de dicha base, cuando esta es detectada mandan allí su arma más poderosa: una estación de combate autónoma llamada La Estrella de la Muerte. Finalmente, se produce una batalla decisiva entre La Estrella de la Muerte y los cazas rebeldes que consiguen la victoria después de encontrar el talón de Aquiles de la supuestamente indestructible estación de combate.

Hasta aquí y, a grandes rasgos, lo que sería la campaña bélica narrada en La Guerra de las Galaxias. Y ahora lo que a mi siempre me ha parecido más sorprendente. Este esquema es una copia directa del primer año de guerra en el Pacífico entre Japón y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la batalla final de la película de Lucas es un remedo casi exacto de la Batalla de Midway que marcó el final del poderío japonés y el inicio de la preponderancia estadounidense.

Y si no, veamos a grandes rasgos como fue dicha campaña (Diciembre de 1941-Junio de 1942) y sus concomitancias con lo escrito por Lucas.

La campaña del Pacífico enfrentó a un poder dictatorial, el Imperio Japonés, contra un estado democrático, los Estados Unidos de América. Dos oponentes muy parecidos a los de Star Wars y donde uno de ellos incluso se llama el Imperio. La guerra se inició con un ataque por sorpresa japonés contra la base estadounidense de Pearl Harbour (7 de Diciembre de 1941) que aniquiló a la flota americana del Pacífico. Aprovechando esta coyuntura, los japoneses procedieron a la conquista de las principales colonias occidentales en Asia, haciéndose con el control de Hong-Kong, Malasia, Singapur, Birmania, Filipinas, Indonesia y muchas islas del Pacífico como Guam o Wake. Realmente, aquí hay un problema. En La Guerra de las Galaxias esta parte del conflicto no se nos cuenta, simplemente intuimos que el Imperio de alguna forma ha destruido a la democrática república y a sus guardianes los caballeros Jedi. Ahora bien, si sustituimos la República por las posesiones occidentales en Asia y a los caballeros Jedi por la flota estadounidense, el esquema encaja a la perfección.

Una idea que funciona mucho mejor si tenemos a la vista la última película de la saga, La venganza de los Sith, donde somos testigos de la destrucción a traición o por sorpresa (depende de que punto de vista utilicemos) de la Orden Jedi y su sede en Coruscant. No olvidemos que para los japoneses Pearl Harbour fue un ataque por sorpresa mientras que para los norteamericanos fue un ataque a traición (se produjo antes de la declaración oficial de guerra) que aún es conocido popularmente como “el día de la infamia”.

El arrollador avance japonés fue frenado, en parte, por dos reveses frente a lo que quedaba del poder norteamericano, uno material y otro moral. El revés material fue la Batalla del Mar de Coral (Mayo de 1942), un combate que acabó en empate táctico (las perdidas fueron similares para ambos bandos) pero en victoria estratégica ya que por primera vez un ataque japonés (el intentó de conquista de Nueva Guinea) había sido frenado.

El revés moral fue el raid contra Tokio por parte un grupo de bombarderos norteamericanos B-25 que despegaron desde el portaviones Hornet y luego se refugiaron en China (Abril de 1942). Este golpe fue humillante para el almirantazgo japonés, no tanto por los daños recibidos (mínimos) como por el golpe moral: Japón parecía indefenso y, en cierta forma, Estados Unidos había devuelto el golpe de Pearl Harbour.

Y aquí es, más o menos, donde se iniciaría la película con esa referencia a un ataque desde bases ocultas rebeldes que habría derrotado a la flota imperial. Una especie de híbrido entre el bombardeo de Tokio y la Batalla del Mar de Coral.

Es interesante, en especial, esa referencia a las bases ocultas rebeldes. Los japoneses nunca creyeron que los B-25 que atacaron Tokio hubiesen despegado de un portaviones (realmente esos aviones no estaban diseñados para semejante cometido y solo pudieron hacerlo mediante un esfuerzo imaginativo e ingenieril realmente innovador) y siempre creyeron que lo habían hecho desde alguna “base oculta”(idea que reforzó un discurso radiofónico del presidente Roosevelt diciendo que los aviones habían despegado desde Shangri-La). Por tanto revisaron sus mapas y buscaron la base norteamericana más cercana a su país. Esta eras la isla de Midway situada en medio del Pacífico. A partir de ese momento destruir Midway se convirtió en una prioridad para la flota japonesa de la misma forma que destruir Yavin IV lo fue para la Estrella de la Muerte una vez identificada como base rebelde.

Cuando los estadounidenses fueron conscientes de las intenciones japonesas decidieron hacerles frente. La subsiguiente Batalla de Midway se iba a convertir en la más decisiva de la campaña del Pacífico. Toda la, hasta el momento, invencible Flota Imperial se iba enfrentar a los restos del poderío naval norteamericano. Si los japoneses, como parecía probable, vencían, la guerra podía darse por acabada ya que de Midway a las Hawai había solo un paso y Estados Unidos perdería sus últimos buques de guerra. Y, sinceramente, parecía que todo estaba a favor de Japón que contaba con una superioridad material realmente abrumadora.

Sin embargo, la batalla acabó con un triunfo norteamericano aplastante. A pesar de su inferioridad, los estadounidenses hundieron 4 portaviones (todos los presentes en la lucha) y un crucero y derribaron 332 aviones. Sus perdidas propias fueron de un portaviones, un destructor y 179 aviones. La victoria fue mayor aún ya que Japón perdió a casi todas sus tripulaciones aéreas experimentadas y Estados Unidos ganó el tiempo necesario para reconstruir su flota e iniciar el contraataque en 1943 que le llevaría a la victoria final. Pero, sobre todo, fue una victoria moral, el mito de la invencibilidad japonesa se hizo añicos y a partir de ese momento el pueblo norteamericano supo que iba a ganar esa guerra.

Y algo así se vive en la Batalla de Yavin IV, contra todo pronóstico y a pesar de su inferioridad, los rebeldes destruyen las flor y nata de la flota imperial (la Estrella de la Muerte) a cambio de unas bajas ridículas (una treintena de cazas). Y aunque la lucha promete ser larga y dura el golpe moral contra el imperio debió de resonar por toda la galaxia: las tropas imperiales podían ser vencidas.

Resulta más llamativo aún las similitudes entre el combate propiamente dicho de Midway y el que preparó Lucas para su película. Midway fue, básicamente, una batalla de portaviones. Los barcos japoneses y norteamericanos nunca se vieron en toda el choque y el peso de la lucha lo llevaron a cabo los aviones de cada bando con sus ataques sucesivos unos contra otros.

En esa época, los tipos de aviones navales de combate eran tres: los cazas (destinados a derribar otros aviones), los bombarderos en picado (que lanzaban bombas en ataques en picado desde gran altura contra sus objetivos) y los torpederos (que lanzaban torpedos en ataques en vuelo rasante contra los buques enemigos).

Ambos bandos contaban con material un tanto dispar. Los japoneses tenían, en líneas generales, mejores aviones. Su caza era el Mitsubishi Zero uno de los mejores aviones de la historia y netamente superior a los Grumman F4F Wildcat yankis, lo mismo ocurría con sus torpederos Nakajima B5N para los que los Douglas TBD Devastator no eran rival. Por último en el único punto en el que había una cierta igualdad era en el campo de los bombarderos en picado donde los Aichi D3 japoneses eran igual de buenos que los Douglas SBD Dauntless americanos.

En cuanto a los portaviones, los de Estados Unidos estaban más blindados que los japoneses, lo que les hacia resistir mejor los golpes.

La batalla se inició con un ataque en toda regla contra Midway por parte de la aviación japonesa que arrasó la isla. Los aviones norteamericanos detectaron a los portaviones e iniciaron un ataque torpedero a baja altura, debido a su torpeza, la escolta de cazas se separó de los torpederos y, gracias a ello, los Zeros se ensañaron con los lentos y torpes Devastators aniquilándolos. De 41 aviones sólo volvieron a su base 6. La primera escuadrilla de catorce aviones fue destruida al 100 % y de sus 28 tripulantes solo uno salvó la vida.

Sin embargo poco duró la alegría entre las filas japonesas. Aprovechando que los Zeros estaban a ras de mar y que Japón no contaba con radares en sus barcos, dos escuadrillas de Dauntless se descolgaron desde gran altura y bombardearon a placer a la flota nipona. Su ataque en picado fue rápido y devastador, en apenas cinco minutos hundieron 3 portaviones japoneses y ganaron la batalla.

Lo que siguió fue un largo epilogo tan inútil como sangriento. El último portaviones japonés en vez de retirarse prosiguió el combate y logró hundir a uno de sus homólogos norteamericanos. Pero en el subsiguiente contraataque, el buque japonés acabó en el fondo del mar. La batalla había terminado.

El paralelismo con la Batalla de Yavin IV es más que llamativo. Los rebeldes sólo pueden destruir la Estrella de la Muerte con un ataque con torpedos por parte de sus cazas Y y sus cazas X. El ataque se lleva a cabo y la mayoría de los cazas rebeldes son derribados, escuadrones enteros se desintegran ante el acoso de los cazas imperiales (que, sinceramente, parecen mejores que sus enemigos). De hecho, el escuadrón de caza Y es, virtualmente, aniquilado.

Cuando todo parece perdido y hasta Luke Skywalker va a ser derribado por Darth Vader, aparece en escena caído del cielo y por sorpresa el Halcón Milenario que destruye a los cazas imperiales y deja el campo libre para que Luke destruya La Estrella de la Muerte.

Los paralelismos me parecen obvios, La Estrella de la Muerte es como un gigantesco portaviones al que se intenta “hundir” mediante torpedos. Los rebeldes fracasan acosados por los cazas imperiales igual que les ocurrió a los Devastators estadounidenses. Sólo la aparición por sorpresa de otra fuerza de ataque con la que nadie contaba (el Halcón Milenario, o sea, los Dauntless de Midway) consigue trocar la tragedia en triunfo.

Por otro lado, resulta innegable que visualmente, la batalla de Yavin IV es indistinguible de un combate aeronaval de la Segunda Guerra Mundial. Se sustituyen las ametralladoras por láser y los cazas por naves espaciales y ya está. De hecho hay muchas cuestiones que resultan del todo incongruentes, las naves maniobran en el vacío como si estuvieran en un planeta con atmósfera y gravedad, se oye el rugido de los motores y las explosiones, se ven los láser cruzar el cielo y hasta los cazas X tienen una configuración aerodinámica.

Estas cuestiones son innegables y provocaron las críticas de muchos puristas de la ciencia ficción como el propio Isaac Asimov que acertadamente señaló las similitudes de toda esta parafernalia con las películas sobre batallas aéreas de ambas guerras mundiales y lo absurdo de trasladar esta idea al espacio.

Sin embargo hay que reconocer que, visualmente, la batalla de Lucas es espectacular y tremendamente atractiva algo a lo que ayuda mucho la emoción de su desarrollo. Ahora bien, esa parte del guión fue, probablemente, la más fácil de escribir para el director californiano ya que únicamente tuvo que copiar algunos párrafos de un buen libro de historia de la Guerra del Pacífico.

De hecho, es probable que ni siquiera ese esfuerzo fuese necesario. Un año antes del estreno de Star Wars, en 1976, una de las películas más llamativas del año en todo el mundo fue una cinta típicamente hollywoodiense titulada La Batalla de Midway y protagonizada por un decadente Charlton Heston. La cinta, lógicamente, narra la batalla desde el punto de vista americano y, aunque es un tanto mediocre, tiene su punto fuerte en las muy conseguidas para la época escenas de combates aeronavales que protagonizan la parte central del film. Y apostaría algo a que parte de esas escenas han sido “copiadas” por Lucas en su película. De hecho, en La Batalla de Midway los combates se siguen desde el puesto de mando de los portaviones americanos escuchando las emisiones de radio de sus aviones, una escena muy parecida a la de la princesa Leia y los almirantes rebeldes siguiendo la batalla desde su bunker y escuchando la radio de los cazas X mientras intentan atacar La Estrella de la Muerte.

Con todo esto no estoy queriendo criticar a un genio como Lucas, ninguna película ni novela es del todo original, todas parten de los logros de sus antecesoras y todas beben de numerosas fuentes, históricas o literarias. Puede que Lucas copiase la campaña de Midway a la hora de recrear la batalla de Yavin IV pero esto no resta un ápice a su genio por que La Guerra de las Galaxias es mucho más que una simple película de guerra. Y por que solo alguien como él fue capaz de llevar a las pantalla semejante idea de una forma tan perfecta e innovadora.