La noche del miedo, Iker Jiménez
Posted by Instanton on 14 May 2007 at 01:13 am | Tagged as: Reseñas
por José Manuel Uría
La noche del miedo
Iker Jiménez
Editorial Edaf, Madrid, 3ª Edición, Diciembre 2005
ISBN: 84-414-1578-1
Iker Jiménez no es un autor de mi devoción y tampoco me encuentro entre quienes dan por verídicas las historias que en sus programas de radio y televisión se relatan. Sin embargo, tengo un gran interés por el folklore subyacente en el mundo de lo paranormal y lo misterioso. El escepticismo frente a las afirmaciones extraordinarias no implica el desinterés por la ideología que las sustenta. Puede pues analizarse un libro como La noche del miedo como si de una obra de literatura fantástica se tratase, y que sea luego el lector quien juzgue si los hechos narrados son reales o no.
El libro relata una investigación del autor sobre unos acontecimientos acaecidos en una base militar española a mediados de los setenta. Se trata de la supuesta aparición de un ser misterioso, quizá vinculado con la presencia de algún tipo de objeto volante no identificado. Y como tal la historia está narrada a partir del proceso de investigación del autor resulta más una especie de mezcla de novela con elementos de artículo periodístico más que un ensayo propiamente dicho. Es precisamente este aspecto el que permite diferenciar dos formas claras de analizar el contenido, por una parte el hecho en sí protagonista de la historia, y por otra el proceso de la investigación periodística. Es precisamente haciendo una crítica sobre este último aspecto como el libro pierde por completo la credibilidad.
Si se tratase de una novela uno tendría la tentación de calificar tal historia como mala, artificial, previsible y tramposa. Y es que desde el primer momento en que aparece un misterioso informador llamado Verne9, pasando por los tópicos pasajes de conspiración gubernamental más propios de un bolsilibro de mala calidad que de un ensayo sobre fenómenos sin explicar por la ciencia contemporánea, hasta las conclusiones finales, he tenido la sensación de encontrarme con una historia artificial. Una historia construida por un mal novelista tratando de crear una incertidumbre, una inquietud o un misterio más que narrar acontecimientos reales, pero un misterio que en ningún momento termina de cuajar. No existe un sólo hecho de la investigación que no sea de algún modo previsible por un lector asiduo de obras de ficción. Y esto redunda en una falta de credibilidad de los contenidos, sobre los hechos que se supone que han de ser son los protagonistas de la narración. El exceso de énfasis en las peripecias del autor, que casi roza el onanismo intelectual, no hace más que aumentar el escepticismo en el proceso de lectura. Se trata de una historia muy forzada, y más increíble si cabe que la propia aparición que trata de desentrañar con una serie de entrevistas con los testigos y otras personas implicadas en el caso. Quizá la intención del autor sea tener al lector enganchado a la lectura, o sugerir una sensación de misterio cósmico, pero su completa falta de profesionalidad en cuanto los recursos estilísticos y técnicas narrativas se refiere lo hace naufragar. Y es que no es lo mismo la creación de textos periodísticos pensados para un público afín que la de un buen texto de ficción. Si el juego narrativo es presentar una historia real con elementos fantásticos para aderezar la lectura debería de hacerse con profesionalidad y suponiendo un poco más de inteligencia y sentido crítico por parte del lector.
Y todo esto es una pena, ya que el suceso que se relata es interesante en sí mismo. Frente a la incredulidad militante o a la aceptación de opiniones tendenciosas y manipuladoras como actos de fe en el mundo del misterio, existe una serie de posiciones escépticas intermedias. Para quienes se acomodan en este rango de grises siempre puede resultar interesante pararse a reflexionar sobre hechos que si bien casi toda la evidencia sugiere que pueden ser alucinaciones colectivas o fenómenos naturales mal interpretados, son dignos de consideración. No ya porque tras ellos realmente puedan existir nuevos fenómenos naturales por explicar, que siempre es posible, sino por el interés que tienen en sí mismos por el hecho de que personas cabales y con formación puedan dejarse llevar por el pánico ante situaciones como las relatadas. En este sentido La noche del miedo es un título muy adecuado, pero tiene un doble sentido, ya que ese miedo puede ser resultado de enfrentarse a lo desconocido o fruto de una paranoia difícil de justificar. Y es que los hechos, incluso narrados desde una perspectiva crédula como la del autor, permiten esa otra interpretación escéptica. Él mismo plantea en un capítulo una serie de opciones mucho más convencionales muy interesantes, pero en vez de ahondar en esos temas y dar todos los elementos para que el lector juzgue por sí mismo tendiendo frente a sí todas las opciones opta finalmente por derivarlo en la típica historia de conspiración de poderes ocultos. Precisamente por ello resulta decepcionante la forma de narrar el proceso de investigación ya que si se sospecha que buena parte de los hechos narrados sobre la investigación están inventados también puede haber buena parte de invenciones en el relato del suceso.
No olvidemos que el lector medio no podrá verificar todos los nombres y relatos mencionados en la obra, no podrá comprobar por sus medios qué es cierto y qué no. Pues aunque todo lo narrado por los testigos en el libro se corresponda con lo que realmente esas personas creyeron ver en esa base militar y sus alrededores, uno no puede fiarse del investigador por sus abundantes acercamientos al sensacionalismo y la manipulación, y acaba desechando tales contenidos. Quizá nos aporte razones a quienes creemos que no existe ninguno de esos misterios que todas las semanas relata Iker Jiménez, y que no son más que resultado de errores, a veces manipulaciones, y otras veces verdades a medias. Pero incluso para alguien como yo que piensa que eso es realmente lo que sucede resulta desalentador que sucesos que quizá fuesen de gran interés por su extrañeza caigan en el olvido o sean objeto de bufa como consecuencia del ansia de aumentar audiencia o tiradas de ejemplares. Y La noche del miedo no ayuda para nada a combatir esa impresión.