A estas alturas y tras seis AsturCones y con la séptima a la vuelta de la esquina, uno pensaba que ciertas explicaciones no eran necesarias.

Sin embargo, a veces nos olvidamos de que, por suerte, estas jornadas dedicadas al fantástico no sólo se nutren de habituales, sino de gente nueva que, poco a poco, va llegando y sumándose al cotarro. Esto es especialmente cierto este año, a causa de la presencia de George R. R. Martin.

Y algunos de estos recién llegados, de la que se apuntaban a la espicha, aprovechaban también para preguntarnos cómo iban a estar distribuidas las mesas, qué posibilidades había de sentarse con sus amigos o, incluso, si podíamos situarlos cerca de Martin.

Así que supongo que unas pequeñas explicaciones son pertinentes. Vamos allá, pues.

Una espicha es una celebración tradicional asturiana que, por costumbre, se realiza en un lagar (o “llagar” en el vernáculo), es decir, el lugar donde las manzanas acaban convirtiéndose en sidra. Allí, normalmente rodeados de las barricas donde la sidra va fermentando, la gente se reune alrededor de las viandas mientras la sidra va siendo “espichada” directamente del tonel y regando la comida, cena, ágape o como lo queráis llamar.

Es una comida informal. Tanto que normalmente tiene lugar de pie. La gente se reune alrededor de las mesas donde se ponen las viandas, va picando de aquí y de allá, las ayuda a bajar con un generoso “culín” de sidra y va formando corrillos, separándose de ellos, acercándose a saludar a éste o a aquél y, en fin, moviéndose de un lado de otro.

No hay, por tanto, sitios prefijidados en una espicha. Están las mesas con comida y la gente alrededor, moviéndose y hablando, reencontrándose con conocidos y tomando contacto con desconocidos.

De hecho, existe una vieja tradición (que alguien siempre amenaza con revitalizar, pero luego todo se queda en agua de borrajas) que consiste en arrojar a un estanque cercano (aunque un arroyo, un pozo o un lago servirían igualmente) a aquél que tenga la osadía de ser el primero en sentarse. No lo hemos hecho nunca, porque en el fondo somos unos sentimentales, pero quién sabe, quizá algún día…

Así es, pues, como transcurren las cenas de la AsturCon: gente “de calle” mezclada con gente disfrazada, todos de pie pululando entre las barricas de sidra y alrededor de la comida. Comiendo, bebiendo, hablando, socializando.

Y luego, por supuesto, el baile, los cafés, los chupitos, las entregas de premios… Y, si el tiempo acompaña, generalmente se abren las puertas y la gente puede salir al patio anexo para seguir socializando y, de paso, gozar un poco de ese paisaje asturiano de montes y bosques (sí, a esas alturas de la noche, poco se ve; pero allí están, y su presencia se siente) y cielos a veces despejados.

Espero que estas explicaciones os hayan servido a aquellos que os incorporáis este año a la AsturCon. Y que, por supuesto, os lo pasáis tan bien que queráis volver al año siguiente.

Nos vemos.