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Posted by Avalón on 19 Mar 2006 | Tagged as: Versión original
Robert ReedSu novela Marrow es una extraordinaria colección de aventuras, conspiraciones, misterios y sorpresas en un marco que desborda la imaginación y encandila al lector: una misteriosa nave del tamaño de Júpiter. De origen desconocido y aparentemente abandonada a su suerte, la Gran Nave fue descubierta cuando su curso se cruzó con la Vía Láctea. Interceptada y colonizada por los humanos ahora ha sido convertida en un vehículo de transporte que circunnavega la galaxia recogiendo pasajeros y entregando mercancías. Pese a que la mayor parte de la nave ha sido explorada, sus grandes misterios aún no han sido desvelados. ¿Quién la ha construido y para qué? ¿En qué momento? ¿Por qué ha sido abandonada? Todas estas incógnitas cobran aún mayor trascendencia cuando se produce un sorprendente descubrimiento: en el interior de la Gran Nave, en su mismo centro, se encuentra un planeta. La exploración de este nuevo mundo bautizado acertadamente como Marrow (tuétano) deparará innumerables aventuras y revelará algunos de los secretos de la Gran Nave, de sus Constructores y de sus objetivos al diseñarla.
He de reconocer que, personalmente, este argumento me parece uno de los más impactantes e intrigantes que me he encontrado en mucho tiempo, una especie de Cita con Rama elevado a la enésima potencia. A partir de ahí, Reed tenía mucho terreno ganado para conseguir que la historia me gustase. Y vaya si lo ha conseguido. En la novela, extremadamente amena, nos encontramos con exóticas especies alienígenas, intrigas por el poder, interesantes sociedades y multitud de aventuras en circunstancias sumamente adversas. Todo ello engarzado por el hilo común de la fascinante exploración de la Gran Nave y sus secretos. Reed administra estos sugerentes elementos de forma magistral, consiguiendo un cóctel tremendamente atractivo que no dudo en recomendar a cualquier aficionado a la buena ciencia ficción.
Pese a todas estas virtudes, el libro, desde luego, no es perfecto. El estilo no es demasiado brillante. Los personajes no están especialmente bien desarrollados. Además, para que las cosas encajen, el autor recurre a multitud de truquillos, que algunas veces son demasiado evidentes. ¿Que la nave tarda millones de años en realizar su viaje? No hay problema, hacemos que la tripulación sea inmortal y todo arreglado. Eso sí, para haber vivido unos cuantos milenios a veces resultan bastante inocentes.
En cualquier caso, antes de empezar a leer Marrow , no me esperaba una joya estilística ni una sesuda disquisición sobre el efecto de la inmortalidad en la evolución de la sicología humana. Marrow da, ni más ni menos, lo que promete: toneladas de entretenimiento. De hecho, diría que es una de las lecturas más divertidas con las que me he topado últimamente. Exploraciones y descubrimientos, traiciones y enfrentamientos se suceden unos a otros a lo largo de las páginas de un libro que, pese a no ser especialmente corto (supera las 500 páginas en su edición de bolsillo), nunca se hace pesado. Para agilizar la narración, el autor recurre nuevamente a algunos ardides. Somos inmortales, ¿no? entonces, ¿qué significan unos cuantos cientos de años para nosotros? Así, en ciertos momentos nos encontramos con que, de un párrafo a otro, la historia ha avanzado mil años como quien no quiere la cosa. Desde luego, esto redunda en un ritmo más vivo, aunque a veces puede desconcertar al lector despistado.
Finalmente, en una época en la que están de modas las trilogías, tetralogías y demás sagas casi infinitas, Marrow no podía ser una excepción. La obra surge originalmente como ampliación de la novela corta homónima (que fue nominada para los premios Hugo ) y en el marco de algunas otras historias situadas en el mismo universo. A su vez, aunque tiene un final bastante cerrado, este libro prepara claramente el terreno para el par de secuelas (una novela corta y otra “larga”), que han visto la luz en los pasados años. Y puede que haya más a la vista. Según se mire, esto puede ser interpretado como un defecto (esas interminables series de decreciente calidad) o como una excelente oportunidad de seguir disfrutando de la desbordante imaginación de Robert Reed.
Por mi parte, estaré encantado de sumergirme de nuevo en la exploración de la Gran Nave, viajando entre las galaxias y contemplando maravillas.
Posted by Avalón on 27 Nov 2005 | Tagged as: Versión original
Peter F. HamiltonMientras los gobiernos de la Tierra se dedicaban a invertir millones en el viaje espacial, Ozzy y su compañero Nigel Sheldon han construido una tecnología de agujeros de gusano que les permite saltar de un planeta a otro de forma instantánea. Las consecuencias de este hallazgo no se hacen esperar: la humanidad se olvida de seguir intentando superar la velocidad de la luz y la carrera espacial se detiene, dado que ahora basta con trasponer un umbral para llegar a cualquiera de los seiscientos mundos de la Intersolar Commonwealth . Esto, sumado al descubrimiento de algo muy parecido a la inmortalidad, propicia que para el año 2380 la especie humana parezca haber alcanzado algo muy parecido a su cenit cultural. Lo único que lamentan las personas del futuro es no haber encontrado señales de vida alienígena inteligente en ninguna parte del universo, pero no tienen de qué preocuparse, ya que eso está a punto de cambiar… o quizá deba ser precisamente ése su mayor motivo de preocupación.
El elenco de personajes de Pandora’s Star es nutrido, como si Hamilton se hubiera impuesto el reto de introducir la mayor cantidad posible de figuras en un escenario que, por otra parte, las asimila sin dificultad. En Pandora’s Star nada es pequeño ni mediocre, la acción se aleja del patetismo propio de otros colosos británicos de la space opera como Iain M. Banks o Alistair Reynolds en favor de un tremendismo de marca personal. La novela se sincera con el lector desde el primer momento y tiende al maniqueísmo sin ambages, caracterizándose los héroes por su apostura, arrojo y alma de boy scouts ; las femmes fatales por su voluptuosidad, astucia y ardides a la hora de embaucar a los hombres; los científicos por su carencia de aptitudes sociales, su mesianismo y su anteposición del fin a los medios; y los malos por su… en fin, por su maldad . Llama la atención, empero, que esta marcada tendencia al blanco y negro que impregna las páginas del libro consiga no aburrir al lector. La razón principal de que esto sea así se puede resumir en una sola palabra: Escenarios.
eiscientos planetas dan para construir un generoso tablero de juego donde colocar las fichas. Desde el recién explorado y todavía virgen Alpha Major a la recóndita Ice Citadel, de la cúpula de New Glasgow a la franquicia de Silent World, de la misteriosa entidad planetaria viviente de High Angel al mundo privado de Ozzieworld, Hamilton ejerce de modélico guía turístico para un lector que, sin darse cuenta, irá hundiéndose paulatina e irremediablemente en las arenas movedizas de su imaginación. La gigantesca trama, mezcla de thriller político, terror, romance, serie negra y aventura pulp , encuentra en este vasto escenario el lienzo perfecto para plasmarse en todo su esplendor y, el lector, horas de agradecida lectura que, para remate, culminan con la mejor expresión de cliffhanger que han visto estos cansados ojos en mucho tiempo.
Posted by Avalón on 05 Sep 2005 | Tagged as: Versión original
Jonathan LethemNo se puede decir que fuera una compra arriesgada, aunque admito que la relación precio-número de páginas supuso un ligero mazazo para mi motivación, pese a tratarse del primer libro firmado por Lethem que tenía ocasión de adquirir. Había visto en las tiendas alguna de sus escasas y tentadoras obras traducidas en España, había leído críticas excelentes sobre su estilo pero, como ocurre a veces, hasta que no me topé con la edición inglesa de Men and Cartoons en una librería alemana, el azar parecía empeñado en impedirme echarle el guante a alguno de sus libros; ora se me aparecían en momentos de pecuniarias penurias, ora se materializaban en el estante de la librería junto a otros títulos igual de apetitosos o más… Esa racha de encontronazos con mi sino terminó dichosamente el día que mis ojos se posaron sobre la recopilación de cuentos Men and Cartoons : nueve relatos que hablan de superhéroes y antihéroes, de héroes sin poderes y de personas corrientes envueltas sin querer en un halo sobrenatural. Echemos un somero vistazo a cada una de estas historias.
The Vision
The Vision abre la antología como una cebolla mutante, arrancando lágrimas de emoción al lector. ¿Un tipo que desde que iba al colegio se pintaba la cara de rojo y se echaba una capa amarilla a la espalda, afirmando ser la Visión, el cibertrónico miembro de los Vengadores? Enternecedor, ¿no? El inofensivo capricho se torna extravagancia, empero, cuando los años pasan y el maquillaje colorado sigue ahí, la capa amarilla adquiere solera. ¿Cómo se relacionan con alguien así sus amistades, su esposa?
Durante el transcurso de una fiesta en la que los invitados terminan jugando a una particular versión de nuestra «verdad o consecuencia», la respuesta a esos interrogantes y alguna revelación sorpresa añadida conmoverán al lector.
Access Fantasy
Todos nos hemos visto atrapados en un atasco alguna vez en la vida. Para quienes vivan en las ciudades puede que se trate de una rutina diaria más, como cepillarse los dientes o restregarse las legañas por la mañana. Para los protagonistas de Access Fantasy , los atascos son una forma de vida; sus coches inmóviles desde tiempo inmemorial, kilómetros y kilómetros de capós convertidos en terrazas, retrovisores como tendales en miniatura…
Éste es el marco que utiliza Lethem para ambientar una historia de detectives envuelta en un halo de patetismo, tanto por las particulares señas de identidad del protagonista como por el final que le aguarda. Terminada la segunda historia de la antología, el lector comienza a darse cuenta de que posiblemente resulte más sencillo simpatizar con las puestas en escena que diseña Lethem que con sus supuestos «héroes».
The Spray
Una pareja de jubilados excéntricos, un extraño robo en su casa, un pulverizador empleado por la policía para hacer visible lo invisible y viceversa, un bote que se les olvida a los inspectores en la casa de los ancianitos concluido el registro de la escena del crimen…
Por momentos surrealista, con una generosa pizca de humor deliciosamente absurdo, The Spray es la primera de las tres historias (las otras dos serían The Glasses y The Distopianist… ) que más exigen al lector de Men and Cartoons y que, una vez traspuesto el umbral de la incredulidad, pierden su aparente intrascendencia para ganar en matices con cada nueva lectura.
Vivian Relf
Uno de los temas recurrentes de Lethem en esta recopilación de relatos: personas que se conocen, parejas que se forman, se deshacen, el tiempo que pasa, antiguos ex que reaparecen, conocidos de antaño que vuelven para poner nuestra vida patas arriba, la fatuidad de vivir en un bucle temporal cerrado que nos condena a repetir los mismos errores una y otra vez mientras nos impide revivir éxitos pasados.
Partiendo de la insignificante premisa de un chico y una chica que entablan conversación en una fiesta («Oye, me suena tu cara», «Sí, a mí también la tuya, pero no te ubico») de la forma más banal posible, Lethem consigue meternos la historia por los ojos hostigando a sus personajes con el asfixiante lazo de las almas gemelas destinadas a estar juntas pero separadas, siempre en la mente del otro pero nunca en su cama. Dolorosamente impagable para los lectores de pasado sentimental más turbulento.
Planet Big Zero
Estratégicamente colocado a continuación de Vivian Relf , Planet Big Zero abunda en el tema de las antiguas relaciones que un buen día llaman a nuestra puerta y nos deshacen la madeja que con tanto cuidado hilvanamos día a día, toda la vida. ¿Quién no tuvo de pequeño un compañero de correrías en el colegio? Levantar la falda a las chicas, fumar a escondidas en el aseo del colegio, poner pegamento en la silla del profesor… trastadas que se disfrutan más si se perpetran en comandita. Y, sin embargo, ¿querríamos ser así eternamente? Nuestro buen amigo de la infancia, ¿no se nos haría pesado si reapareciera ahora en nuestra somática vida de maridos, padres y currantes de pro, queriendo reanimar un pasado ya muerto y enterrado?
La respuesta, para la inmensa mayoría de nosotros y para el protagonista de Planet Big Zero , está clara. Hay cosas, no obstante, más fáciles de decir que de hacer.
The Glasses
The Glasses , una de las historias menos «fantásticas» contenidas en esta antología, transcurre en el entorno cerrado de una óptica. El trepidante diálogo entre un cliente insatisfecho con sus gafas y los dos dependientes del establecimiento nos acerca al Jonathan Lethem más relajado, empeñado en convertir en intranscendental una situación puramente cómica que, sin embargo, deriva hacia los derroteros más transitados por el autor (el absurdo por el absurdo, la vuelta de tuerca que cambia el significado de lo leído en el último momento) en su tramo final, con la llegada de un nuevo cliente al local.
El cuento podría tener más impacto en la mente del lector, de no ser porque sufre la mala suerte de anteceder a uno de los mejores relatos de la antología.
The Distopianist, Thinking of His Rival, Is Interrupted by a Knock on the Door
Una joya para todo aficionado a la ciencia-ficción, y un auténtico bombón con distintas capas de sabores suculentos para el lector de cómics. ¿En qué piensan las grandes mentes maestras del crimen cuando languidecen ociosas en sus hogares? ¿Qué motores impulsan las pintorescas ideas de megalómanos como Otto Octavius o Víctor von Muerte?
Encontraremos un atisbo a estas respuestas en las cuitas del Increíble Hombre Distópico, enajenado espíritu «maloso» que se regodea ideando futuros abyectos para la humanidad. Pero, si los sueños del Hombre Distópico se hicieran realidad, ¿no pasarían a convertirse entonces en utopías, sus utopías? De éstas y otras preocupaciones vendrá a distraerlo una inesperada visita a su cubil.
Super Goat Man
El Super-Hombre Cabra es, en puridad, el único superhéroe de pleno derecho que encontraremos en Men and Cartoons . En su mundo, el Super-Hombre Cabra es una leyenda viva, un icono para generaciones de hombres de a pie que deben la seguridad mundial a los esfuerzos de metahumanos como él. Sin embargo, a todos nos llega la hora de la jubilación, hasta la fama de los mayores superhéroes de la historia puede quedar enterrada bajo las despiadadas arenas del tiempo.
Super Goat Man es un conmovedor retrato de un héroe retirado por el que sí pasa el tiempo, y de las personas que lo rodean. Tragedias y desamores en uno de los platos fuertes de la antología, por no decir el plato fuerte.
The National Anthem
Extraña manera de culminar esta antología, con una guinda injustamente sosa para tan sabroso pastel. The National Anthem es un experimento que navega las aguas del cuento epistolar, cultivado con gran éxito por autores tan dispares como H. P. Lovecraft o Julio Cortázar. Lamentablemente, donde estas dos grandes firmas conseguían potenciar el sentido de la maravilla de sus escritos valiéndose de cartas redactadas a las puertas o en las postrimerías de hechos fabulosos o extraordinarios, Lethem decide que ha llegado el momento de quitarse la chaqueta de lo fantástico, arremangarse la camisa de lo banal y moldear una insulsa historia de infidelidades trufadas de reflexiones, en el mejor de los casos, triviales.
Cuando al traje de gala en que estaba a punto de convertirse Men and Cartoons sólo le faltaba una última puntada para convertirse en una auténtica prenda de lujo alguien, quizá el editor, puede que el mismo autor en no se sabe bien qué arrebato de delirante inspiración, decidió colocarle un feo parche de pana corriente que afea el conjunto. Lástima de cuento, que ve diluido el poco interés que podría despertar en el lector tras una espectacular ráfaga de pequeñas perlas narrativas.
En el momento de redactar esta reseña, Jonathan Lethem (1964, EE. UU.) tiene solamente dos novelas traducidas al español: Paisaje con muchacha (DeBolsillo, 2003) y Cuando Alicia se subió a la mesa (Mondadori, 2003). El título de su novela más reciente, The Fortress of Solitude , debería evocar placenteros escalofríos de anticipación en todo fan del kriptoniano Hombre de Acero que se precie, si bien se trata en realidad de una obra que nada tiene que ver con el elemento superheroico; The Fortress of Solitude es, en cambio, una obra serena e introspectiva sobre lo que significa crecer en el Brooklyn de los años setenta.
Cuando se traduzca, si es que se traduce, a nuestro idioma probablemente lo haga orientada al público más mainstream , propiciando que uno de los grandes fabulistas de nuestro tiempo vuelva a pasar injustamente desapercibido por los salones del fandom . Injustamente porque, en mi opinión, Jonathan Lethem, junto a firmas como Jonathan Carroll, Haruki Murakami, Paul Auster o David Mitchell, es uno de esos escritores que aúna imaginación y oficio, elegancia estilística y fuerza narrativa, por lo que sus obras se vuelven recomendables para todo lector sin excepción, e indispensables para empezar a comprender qué nuevos derroteros se abren ante los autores de fantasía en sus vertientes menos ceñidas a los convencionalismos del género.
Posted by Avalón on 10 Jun 2005 | Tagged as: Versión original

El punto de partida de “Diamond dogs” es el descubrimiento en el lejano planeta Golgotha de la Espira de Sangre, una misteriosa torre de origen desconocido y seguramente alienígena. En un comienzo al más puro estilo del mejor cine de aventuras o de ciertos cómics (como “La liga de los hombres extraordinarios”), el excéntrico y casi literalmente diabólico Richard Childe reúne a un grupo de personajes con distintas habilidades: una mercenaria, un piloto espacial, una brillante matemática, un especialista en implantes cibernéticos… Juntos emprenden una expedición - que recuerda a la de los peregrinos de Hyperion - para intentar desvelar los secretos de la Espira, una construcción repleta de trampas y enigmas que hace pagar caros los errores de cualquiera que se aventura dentro de ella.
El argumento es semejante a “El laberinto de la luna” de Budrys, o películas como “Cube” o “Indiana Jones”, inspiración que el propio autor reconoce en una serie de inteligentes guiños y complicidades con el lector. Sin embargo, Reynolds consigue en esta historia un resultado mucho más satisfactorio que la (¿por qué no decirlo?) aburrida e insulsa novela de Budrys.
El inconfundible estilo del autor, en el que se mezclan terror, ciencia-ficción y escenarios góticos alcanza aquí cotas de auténtica perfección. El ritmo es vertiginoso, la sensación de misterio está excelentemente conseguida, los momentos de tensión y terror están perfectamente dosificados. La ambientación es inmejorable, con una torre amenazante, que resulta claustrofóbica, que parece viva porque seguramente lo está, que es sin duda inteligente pero carece de cualquier sentimiento de piedad. Los personajes también son fascinantes, especialmente el intrigante y retorcido Doctor Trintignant, que encarna lo mejor y lo peor de esa alianza impía de naturaleza y tecnología, de lo vivo y lo mecánico que rezuman todas las obras de Alastair Reynolds. Este siniestro personaje está obsesionado en grado superlativo con realizar implantes cada vez más extremos y sus modificaciones van transformando a los miembros del equipo para adaptarlos a los nuevos retos de la Espira de Sangre. El autor aprovecha este proceso para elaborar las imágenes más impactantes de toda la narración, en la que se suceden peligros insospechados, acertijos matemáticos y descubrimientos sorprendentes, hasta llegar a un final de los que se quedan grabados en la memoria.
El aficionado a Reynolds encontrará, como aliciente extra, apariciones laterales (que sirven de ambientación, más que otra cosa) de algunos elementos de otras novelas, como los Ultras, la Plaga o el Monumento a los Ochenta. Todo ello se conjuga para lograr una historia que se disfruta desde la primera a la última página, de esas que es prácticamente imposible dejar una vez que se ha comenzado a leer. Sencillamente una de las mejores novelas cortas que he leído nunca.
En “Turquoise days” el ambiente gótico es sustituido por un entorno más poético, pero igualmente subyugante. Turquoise es uno de los planetas oceánicos en los que habitan los misteriosos Malabaristas de Formas, una especia alienígena que vive en el agua. La mente de aquellos que se sumergen a nadar en su proximidad es copiada y asimilada por los Malabaristas de Formas, formando una suerte de entidad comunal. Además, en muchas ocasiones los Malabaristas transforman a la persona que nada con ellos, a veces de manera sutil, a veces radicalmente, dándole capacidades especiales. Y en otras, el nadador simplemente desaparece sin dejar rastro.
Naqi Okpik vive en Turquoise y se dedica, junto con su hermana Mina, a investigar a los Malabaristas de Formas. Un día, descubre una formación especialmente extraña de Malabaristas y convencida por Mina, se sumerge junto a ella en el océano. La experiencia es maravillosa y excitante, pero cuando sale del agua se da cuenta de su hermana ha desaparecido. Años más tarde, Naqi sigue investigando a los Malabaristas cuando a Turquoise llega una nave espacial. Es un suceso infrecuente, ya que Turquoise es un mundo que ha elegido vivir en un relativo aislamiento. La llegada de esta nave y de su tripulación, también interesada en el estudio de los Malabaristas, trastocará completamente la vida del planeta con una serie de intrigas, conspiraciones y traiciones. En todo ello, Naqi se verá involucrada mientras aún intenta superar la pérdida de su hermana.
A diferencia de “Diamond Dogs” donde trama y decorado acaparan el protagonismo a partes iguales, en “Turquoise days” el principal atractivo viene de las descripciones de los Malabaristas de Formas. Esta raza extraterrestre ya aparece en “Espacio Revelación”, rodeada de un halo de misterio. El reto para Reynolds, por tanto, es penetrar en ese misterio sin romper el encanto. Y lo consigue, porque “Turquoise days” transmite perfectamente la sensación del encuentro con los Malabaristas, con esa mezcla de reverencia, curiosidad y temor ante lo desconocido y maravilloso. Así, la ambientación se convierte en el punto fuerte de este relato, en el que los acontecimientos son meras excusas para presentar un planeta bucólico, con sus ciudades flotantes y su océano inmenso, envuelto en el aura de fascinación de una intrigante especie alienígena.
Dos novelas cortas, en resumen, que vuelven a poner de manifiesto la capacidad de crear mundos sugerentes y la fecunda imaginación de Alastair Reynolds. Un lectura absolutamente recomendable para los que ya han conocido a este autor a través de sus novelas y una forma inmejorable de iniciarse en el fascinante universo de “Espacio revelación” para aquellos que aún no lo conocen. Yo, por mi parte, estoy deseando leer cuanto antes “Redemption Ark”.
Posted by Avalón on 04 May 2005 | Tagged as: Versión original
Greg EganTengo una especial debilidad por todo lo que escribe Greg Egan. Desde que cayó en mis manos Cuarentena, me apasiona esa forma que tiene de mezclar la más pura Ciencia Ficción hard con las especulaciones filosóficas de más alto nivel. Cuando leo a Egan no dejan de sorprenderme sus brillantes ideas y la profundidad con la que trata temas de la mayor trascendencia. Me parece que es uno de los mejores (por no decir simplemente el mejor) escritores que ha dado el género en las últimas décadas.
Sin embargo, comprendo que no sea del gusto de todos los paladares. Leer a Egan es una actividad exigente. Hasta el más pintado puede verse desilusionado al encontrarse, nada más comenzar a leer Schild’s Ladder, con el siguiente párrafo (traducción libre): “En el principio era el grafo, más parecido al diamante que al grafito. Cada nodo del grafo era tetravalente: estaba conectado por cuatro ejes a otros cuatro nodos. El ciclo más corto que partía de un nodo y volvía a sí mismo tenía seis ejes. (…) Los ejes carecían de forma o longitud, los nodos no tenían posición. El grafo consistía únicamente en el hecho de que algunos nodos estaban conectados a otros”. Son frases que, más que de una novela, parecen sacadas de mis clases de Matemáticas Discretas.
Esa es, sin duda, la marca personal del autor. Ciencia Ficción dura y sin concesiones que luego se transforma en brillante metafísica. Porque ese “grafo”, ese ente que consiste en un suerte de conexión abstracta es, ni más ni menos, el origen de nuestro universo, la semilla que ha dado origen a todo lo que vemos, a todo lo que percibimos, a todo lo que tocamos. En Schild’s Ladder nos encontramos veinte mil años en el futuro y desde mediados del siglo XXI la Teoría Cuántica de Grafos desarrollada por Sarumpaet ha sido capaz de explicar hasta el más mínimo detalle todas las observaciones físicas que se han realizado. La Relatividad y la Física Cuántica han sido unificadas y la humanidad tiene a su disposición una Teoría del Todo.
Pero al llevar a cabo un experimento que debería haber confirmado una vez más las leyes de Sarumpaet algo sale mal. Aparece un “nuevo-vacío” que se expande en el espacio a la mitad de la velocidad de la luz y comienza a aniquilar estrellas y planetas a su paso. Puede ser el fin de nuestro universo… o el comienzo de uno nuevo.
Tras este argumento de desastres estelares, quizá ya un tanto manido, el lector habitual de Greg Egan encontrará todas las obsesiones que caracterizan al escritor australiano. Desde las simulaciones de personas ejecutadas por ordenador (al estilo de Ciudad Permutación) a las virtudes y limitaciones de la Ciencia (El instante Aleph) pasando, cómo no, por las múltiples versiones de la realidad ofrecidas por la superposición de estados cuánticos (idea utilizada extensamente en Cuarentena). Sin embargo, en esta ocasión el autor no se centra tanto en disquisiciones filosóficas sobre cómo nuestra percepción del mundo altera la propia realidad. Es cierto que, de fondo, siguen presentes. Pero la principal reflexión que se plantea Egan en la novela es sobre el cambio. Cómo cambiamos como personas cuando vamos creciendo, madurando, experimentando nuevas circunstancias. El propio título de la novela es una metáfora (vía una preciosa construcción matemática) de cómo el seguir diferentes caminos nos hace convertirnos en diferentes personas.
Así, la aparición del “nuevo-vacío” hace plantearse a los personajes cuál es la actitud más adecuada: luchar a toda costa por mantener las cosas como están o adaptarse a las nuevas circunstancias e intentar aprovecharlas aunque el precio, en forma de renuncia, sea elevado. Como en todas las novelas de Egan, surgen distintas facciones que defenderán cada una de las posibles posiciones, aunque quizá en este caso el autor no explota este recurso en la forma en que nos tiene acostumbrados. Las discusiones entre los miembros de los distintos bandos son menos brillantes que en otras obras de Egan y algunas de las posturas son demasiado forzadas y resultan poco creíbles.
La novela también presenta algunos fallos menores, principalmente un final demasiado precipitado y una frescura menor que en otros libros del autor. Por otro lado, Schild’s ladder descubre una faceta de Egan que para mí resulta novedosa y ciertamente sorprendente. En algunos capítulos, especialmente los que narran la infancia de Tchicaya y Mariama, el autor hace gala de una gran sensibilidad, casi ausente en el resto de sus obras.
En resumen, nos encontramos ante una novela muy en la línea de Egan. Con párrafos en los que las fórmulas y los conceptos físicos más abstractos campan por sus respetos y con un buen número de ideas sorprendentes y brillantes. Si a esto le añadimos una interesante reflexión sobre la evolución personal y el cambio interior, el resultado es una obra que sin duda complacerá a los seguidores del escritor australiano.
Puede que Schild’s Ladder no sea la mejor novela de Greg Egan hasta la fecha (la crítica no la ha tratado especialmente bien), pero para mí se vuelve a demostrar que este autor está muy por encima de la media. Es una lástima que, de un tiempo a esta parte, las editoriales españolas parezcan haberle olvidado.
Posted by Avalón on 10 Abr 2005 | Tagged as: Versión original
Hy BenderA primera vista parecemos estar ante una simple “guía de episodios” de Sandman, el cómic con el que Neil Gaiman consiguió que muchos lectores que, antes de leer un tebeo se habrían dejado arrancar un brazo, se convirtieran en adictos a sus historias gráficas.
Afortunadamente, el libro es mucho más que eso. Si bien está estructurado como una guía y comentario de los diez tomos en los que la DC recopiló los cómics originales, el libro tiene el aliciente añadido de incorporar una extensísima entrevista con el propio Gaiman donde este habla de su carrera como guionista, de las influencias que manejó en cada número de Sandman, de cómo eligió un dibujante u otro o cómo se planteó no sólo cada historia individual sino el arco argumental que atraviesa toda la serie. Añadamos a eso varios interesantes apéndices y una parte dedicada a comentar lo que hay “tras las bambalinas” del universo de Gaiman (no solo por él mismo, sino por algunos de sus colaboradores u amigos) y tenemos uno de los más completos trabajos sobre la obra principal del guionista inglés.
La parte central del libro está destinada, como dije, a comentar cada uno de los diez volúmenes en los que DC cómics decidió reeditar Sandman y donde agrupó, por un lado, las sagas de varios números y, por el otro, las historias autoconclusivas con las que Gaiman se daba un respiro a sí mismo (y a sus lectores) entre cada nuevo arco argumental. Esta parte se vertebra a su vez en otras tres: un resumen del argumento de cada volumen, un comentario sobre el mismo y, finalmente, y más interesante, una entrevista con Gaiman hablando del modo en que creó esas historias.
El libro está lleno de momentos interesantes, ocasionalmente divertidos y a veces frustrantes, como el comentario de Gaiman que no me resisto a reseñar a continuación. Estando en una fiesta y, mientras hablaba con el director de una página de reseñas literarias, éste le preguntó que cómo se ganaba la vida. Cuando Gaiman respondió que escribiendo cómics, el desinterés de su interlocutor fue más que evidente, aunque para ser cortés le preguntó qué cosas había escrito. Cuando el guionista termina su respuesta diciendo: “Y también hice eso llamado Sandman” la otra persona exclamó de repente: “‘Dios mío, sé quien es usted, usted es Neil Gaiman! ¡Pero vamos, hombre, usted no escribe cómics, usted escribe novelas gráficas!”. Gaiman termina de relatar su anécdota diciendo:
“Este director evidentemente había oído comentarios positivos sobre Sandman, pero estaba tan obsesionado con la idea de que los cómics son cosas de niños que no podía asimilar la idea de algo bueno proveniente de un comic-book. Necesitaba situar Sandman en una caja para poder hacerlo respetable”.
Lo sorprendente (o quizá no, a poco que uno conozca el género humano) es que la obra de Gaiman o de otros guionistas como su amigo Alan Moore (que revolucionó al menos dos veces el medio con su Watchmen y su From Hell y lo sacudió con fuerza con otra media docena de obras) no han conseguido que ese prejuicio desaparezca. No han vuelto el cómic respetable, o, para ser más exactos, no han conseguido que entre el gran público el cómic se identificara como una fórmula narrativa adulta y con cosas interesantes que decir. Sigue siendo “cosa de niños” y cuando surge un cómic que contradice ese prejuicio, la respuesta no es acabar con el prejuicio, sino considerar que eso no son “exactamente” cómics, sino algo que usa ese medio pero va más alla. Pensando en eso y comparándolo con la actitud de la “crítica respetable” ante la ciencia ficción literaria no puedo por menos que encontrar más de un paralelismo y de dos.
En cuanto al tema que ahora nos ocupa, y para recapitular, estamos ante un libro de referencia imprescindible para cualquier aficionado al buen cómic en general y a la obra de Gaiman en particular. Que, además, tiene el valor añadido de poder ser disfrutado tanto en el nivel de simple fan ansioso de cotilleos, como en el del lector interesado en ver cómo y de qué manera uno de sus autores favoritos se plantea y resuelve la creación de sus obras. Escrito de un modo ameno, y estructurado con mucho acierto, este Sandman Companion se lee casi sin esfuerzo y uno recorre sus páginas con verdadero deleite.
Posted by Avalón on 08 Abr 2005 | Tagged as: Versión original
Jonathan Strange & Mr NorrellJonathan Strange and Mr. Norrell es la primera novela de Susanna Clarke. Fue publicada el año pasado en Estados Unidos y Gran Bretaña con un impresionante éxito de crítica, público y ventas. Su último logro ha sido la nominación para los premios Hugo 2005. Además, también ha sido nominada para los premios de la BFSA (Asociación Británica de Ciencia Ficción), ha sido elegida tanto por los editores como por los lectores de SFSite ( www.sfsite.com ) como la mejor novela del año 2004 y Neil Gaiman ha dicho de ella que es “incuestionablemente la mejor novela inglesa de fantasía de los últimos 70 años”.
Con estas impresionantes cartas de presentación la pregunta natural es: ¿realmente es tan buena esta novela? La respuesta breve y concisa es que sí. Pero no nos quedemos con respuestas fáciles y analicemos un poco más lo que nos podemos encontrar en Jonathan Strange and Mr. Norrell .
Desde el primer momento, queda claro que el eje fundamental de la historia es la magia. Una magia que, en la Inglaterra de principios del siglo XIX, ha dejado de practicarse, aunque no de estudiarse. Y esto es así hasta que aparece en escena Mr. Norrell, uno de los protagonistas principales de la novela. Mr. Norrell es un hombrecillo solitario, que vive retirado en su casa del campo y que ha acumulado a lo largo de los años una enorme biblioteca de libros sobre magia. Estudiándolos concienzudamente, ha conseguido volver a poner en práctica muchos de los conjuros y hechizos que hacía siglos que no se llevaban a cabo. Mr. Norrell es el único mago practicante en Inglaterra. Hay muchos magos teóricos, muchos estudiosos de la magia, pero sólo Mr. Norrell es capaz de hacer magia. ¿Sólo Mr. Norrell? Eso parece, hasta que Jonathan Strange demuestra que él, con menos estudios pero quizá con más talento natural, también es capaz de practicar la magia. Mr. Norrell acepta, con ciertos recelos y reparos, a Jonathan Strange como alumno y ambos entran al servicio del gobierno, especialmente como ayuda en la guerra contra Napoleón y los franceses. Desde ese momento, la historia gravita en torno a la relación de estos dos magos y, sobre todo, a su relación con la magia.
La magia, siempre la magia. Porque la magia es un componente fundamental de la historia de Inglaterra, un elemento que ha configurado desde siempre sus tradiciones, su cultura e incluso su política. Según avanza el libro, el lector se va sumergiendo en este ambiente mágico que impregna todas las cosas y, muchas veces a través de notas a pie de página, va descubriendo al misterioso Rey Cuervo, a las hadas y duendes, a los grandes magos que marcaron una época. Y, sobre todo, va descubriendo que lo que Susanna Clarke ha tejido en esta novela es una historia alternativa, en la que la magia es el elemento que ha transformado y sigue transformando Inglaterra. Una Inglaterra que se ha distanciado de aquella que nosotros conocemos para entrelazarse íntimamente con la historia y la cultura de ese otro misterioso país, el país de las hadas y los duendes, de los seres mágicos por naturaleza.
Quizás el aspecto que más llama la atención con respecto a otras novelas que tratan el tema de la magia (véase, por ejemplo, la serie de Harry Potter, con la que la novela de Clarke ha sido comparada una y otra vez, aún sin tener demasiado en común) es el realismo. La autora declara haber tenido la intención de hacer que la magia pareciera algo plausible. En sus propias palabras, “algo tan real como la magia en la trilogía de Terramar de Ursula K. Le Guin”. Por ello, en el libro son pocas las grandes manifestaciones mágicas, aunque hay algunas realmente espectaculares, como la gran demostración de Mr. Norrell en la catedral de York o el bloqueo marítimo a los franceses mediante barcos construidos con agua (dos de los capítulos más impresionantes de toda la obra). Y es que la magia es una disciplina que requiere un arduo estudio, aparte de una cierta habilidad innata. La magia es algo intrínsecamente difícil. Y, por tanto, la magia no es algo que siempre funcione. Hay muchos hechizos que parecen inútiles, que no alcanzan el propósito deseado, que no se dominan totalmente. A lo largo de la novela, vamos asistiendo al desarrollo de las habilidades mágicas de los dos protagonistas, a sus éxitos y a sus fracasos, a sus descubrimientos e investigaciones. Muchas veces su compresión de lo que hacen es incompleta, y precisamente eso es lo que constituye uno de los núcleos de la historia: por un hechizo precipitado entra en juego un nuevo personaje que hará que muchas cosas cambien de rumbo…
Pero en Jonathan Strange and Mr. Norrell no todo es la magia. Fundamentalmente, la novela es un retrato de una sociedad y, como tal, está llena de detalles costumbristas muy al estilo de Jane Austen (no en vano la autora reconoce que su novela favorita es Emma ). Esta cuidada ambientación se entremezcla con el ambiente mágico, con las preciosas ilustraciones de la edición inglesa y con un fino sentido del humor y de la ironía, para construir una historia que se degusta línea a línea. Porque éste no es un libro para leer con prisa. Es un libro largo (casi 800 páginas en inglés), que merece ser disfrutado con calma, dejándonos sumergir en esa historia alternativa de la Inglaterra mágica del siglo XIX.
Ahora sólo queda ver cuándo podremos disfrutar de la traducción al español de esta gran obra. Parece ser que la editorial Salamandra ya ha comprado los derechos (según informa Bloomsbury, la editorial de la versión inglesa). Ojalá que la espera no sea larga.